Cómo se hace popular una obra artística

Cómo se hace popular una obra artística

Te invito a observar la siguiente imagen.

Claude_Monet,_Impression,_soleil_levant

¿La conocías? Es muy probable que sí. Hasta yo la reconocí. En cuanto la vi, recordé que mi libro de música para piano de Claude Debussy tenía esa portada, pero hasta ahora supe el nombre de dicho cuadro: Impresión, sol naciente de Claude Monet. Muy famoso ¿verdad? Ahora te compartiré un cuadro de otro pintor impresionista: Caillebotte. Sí, Gustave Caillebotte. Como que no nos suena mucho, ¿verdad?

En un libro de pintura impresionista que encontré en mi biblioteca, me dediqué a hacer una exhaustiva revisión y de las pinturas mostradas no apareció ninguna de Caillebotte. A lo mejor mi libro es muy chafa –¿será porque lo compré en un supermercado?–, pero se me ocurre que sería interesante revisar una muestra grande de libros de arte para saber cuáles son los impresionistas más citados. Afortunadamente, alguien ya lo hizo.

James Cutting, un psicólogo de la Universidad de Cornell, contó más de quince mil ilustraciones de pinturas impresionistas que aparecían en cientos de libros de la biblioteca de la universidad. Él concluyó «inequívocamente» que había siete («y solamente siete») pintores impresionistas esenciales, cuyos nombres y trabajos aparecen mucho más a menudo que los de sus semejantes. Este núcleo consistía en Monet, Renoir, Degas, Cezanne, Manet, Pissarro y Sisley. (Thompson, 2017, p. 23)

Vemos que Caillebotte no aparece en este grupo de siete, no está representado en los libros y no es el pintor que vendría a la mente si nos pidieran “Nombra un pintor impresionista”. Tal vez no conocemos a Caillebotte porque no debía de ser muy bueno. Si fuera muy buen pintor debería ser muy conocido, muy famoso, ¿no es así?

Bueno, dije que te iba a mostrar una obra de él y no lo he hecho. Aquí está.

616px-G._Caillebotte_-_ Young Man at His Window
Joven hombre en su ventana (1875)

Y un cuadro más.

Cailebotte_-Yellow Roses in a Vase, 1882, Dallas Museum of ArtRosas amarillas en un florero (1882)

No me parece que falte calidad en su obra. Pero no me hagas caso, yo no soy ningún crítico de arte y mi conocimiento de pintura es el mismo que mi comprensión de la mecánica cuántica, o sea, nulo.

Más significativo es que Caillebotte fuera muy apreciado por sus contemporáneos –que lo consideraban un fenómeno al nivel de Monet y Renoir– y por un escritor como Émile Zola: “el gran escritor francés que llamó la atención sobre las ‘delicadas manchas de color’ del impresionismo, calificó a Caillebotte como ‘uno de los más audaces del grupo’. ” (p. 20).

Aquí tenemos un caso que no se ajusta a nuestras preconcepciones que nos dicen que una pintura –o canción, o libro, o película– es muy conocida porque tiene características intrínsecas de manufactura, de calidad, que inevitablemente lo proyectan mucho más alto que a los demás. Como afirma Derek Thompson: “Los críticos y la audiencia prefieren pensar que los mercados son perfectamente meritocráticos y que los productos e ideas más populares son evidentemente los mejores” (p. 37). Pero parece ser que fama y calidad, popularidad y excelencia, no siempre van de la mano, que hay factores externos, ajenos a una obra, que influyen, y pueden ser indispensables, para convertirla en un hit.

Uso la palabra inglesa “hit” porque toda esta historia que te cuento es tomada del libro Hit Makers de Derek Thompson, libro aparecido a principios del 2017 y cuyo título completo lo traduciría como Creadores de éxitos: la ciencia de la popularidad en una era de distracción. Mi intención original era hacer una reseña del libro pero me ha gustado tanto que sin quererlo me desvié y terminé platicando esta historia que aparece en el primer capítulo del libro: “El poder de exposición: fama y familiaridad en el arte, la música y la política”. Por cierto, todas las citas que hago en este artículo son de este libro.

Pero regresemos a la narración principal. Tenemos dos pintores impresionistas, ambos de similares méritos artísticos, pero uno de ellos es de los más famosos en la historia, y el segundo, prácticamente desconocido. ¿Qué explicación podemos encontrar?

Caillebotte tenía una posición económica privilegiada que le permitía dedicarse a pintar, y no tenía necesidad de mantenerse a través de la venta de sus obras, así que nunca se esforzó en hacerlo; y si no vendía sus obras no había distribución de las mismas. Por otro lado, su riqueza la usaba para coleccionar obras pictóricas, sobre todo las de sus amigos pintores, como Monet y Degas, a quienes les compraba docenas de pinturas en una época en que pocos se interesaban en hacerlo. Caillebotte compraba especialmente las obras menos populares de sus compañeros pintores, todas aquellas que parecían invendibles; así lo hizo, por ejemplo, con el Bal du Moulin de la Galette de Renoir que hoy es considerada una obra maestra. De esta forma, Caillebotte amasó una gran colección de arte impresionista que a su muerte, en 1894, a la edad de 45 años, fue heredada al gobierno de Francia estipulando que se resguardaran en el Museo de Luxemburgo, en París. Lo inconcebible es que su colección no fue aceptada:

La élite francesa, incluyendo a los críticos conservadores e incluso políticos prominentes, consideraba el legado presuntuoso, si no, francamente ridículo. ¿Quién era este sinvergüenza para pensar que podía forzar póstumamente al gobierno francés a colgar decenas de atroces manchas en sus propias paredes? Varios profesores de arte amenazaron con renunciar a la École des Beaux-Arts si el Estado aceptaba las pinturas impresionistas. Jean-Léon Gérôme, uno de los artistas académicos más famosos de su época, criticó la donación diciendo: «Para que el gobierno acepte semejante inmundicia, tendría que haber una gran relajación moral». (p. 22)

Tras una batalla de varios años de la familia de Caillebotte, el gobierno, persuadido por Renoir, llegó a aceptar sólo la mitad de la colección: ocho obras de Monet, siete de Degas, siete de Pissarro, seis de Renoir, seis de Sisley, dos de Manet y dos de Cezanne. Por fin, en 1897, lo cuadros impresionistas se exhibieron en el Museo de Luxemburgo, en lo que fue la primera exposición impresionista en Francia y en Europa.

El público inundó el museo para ver el arte que previamente habían atacado o simplemente ignorado. La larga batalla por la herencia de Caillebotte (la prensa lo llamó «l’affaire Caillebotte«) tuvo el efecto que él habría deseado: trajo una atención sin precedentes, e incluso algo de respeto, a sus intransigentes amigos. (p. 22)

¿Recuerdas el grupo de siete pintores impresionistas que James Cutting encontró siempre en cientos de libros de la biblioteca de su universidad? Esos mismos siete pintores, y exclusivamente ellos, son los que se encontraban en la herencia de Caillebotte aceptada por el estado francés. Caillebotte se convierte así en la persona que seleccionó las obras que han dado la vuelta al mundo y que se han representado desde entonces en los medios masivos, libros, revistas, playeras, carteles y muchos accesorios que tú has de haber visto. ¡Qué fortuna haber sido amigo de Caillebotte! ¡Qué mala suerte no haber sido apoyado por Caillebotte! Sí, hablo de suerte, hablo de azar, de un accidente histórico que provocó que estas obras se expusieran en todo el mundo y adquirieran una enorme fama.

Y de forma similar, a menudo ocurre que, por la falta de fortuna, “un artículo brillante en un oscuro periódico no se lee, una canción pegajosa sin difusión en radio desaparece en la oscuridad y un conmovedor documental sin un acuerdo de distribución puede estar condenado al olvido, no importa cuán brillante”. (p. 7) Por supuesto, lograr la popularidad es un asunto muy complejo, con muchos factores en juego, y la suerte es sólo uno de ellos. Pero en la historia de Caillebotte y Monet sí fue la suerte la que marcó la diferencia entre el anonimato y la notoriedad.

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Referencias

Thompson, Derek. Hit makers: the science of popularity in an age of distraction. New York: Penguin Press, 2017.

Impresión, sol naciente
De Claude Monet, (1872)
https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=5504881

Joven hombre en su ventana
De Gustave Caillebotte, (1875)
https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2680320

Rosas amarillas en un florero
De Gustave Caillebotte, (1882)
https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=11825107

 

 

Tecnología en la Educación Musical

Tecnología en la Educación Musical

A finales de la década de los ochenta, el profesor Jorge Pérez Delgado inauguró en la Escuela Nacional de Música de la UNAM el Laboratorio de Cómputo Musical, del que surgió el actual Laboratorio de Informática Musical y Música Electroacústica (LIMME) de la ahora llamada Facultad de Música.

Además de la ardua labor que implicaba convencer a directivos y autoridades para obtener el espacio y el presupuesto para dicho proyecto, Pérez Delgado se abocó también a crear un grupo de programas –desarrollados en computadoras Commodore 128– para apoyar el aprendizaje musical de los estudiantes. Los alumnos llegaron curiosos a ese laboratorio y empezaron a involucrarse con esa tecnología todavía inaccesible para muchos.  A 30 años de esas primeras incursiones, uno podría pensar que la mayoría de los maestros han incorporado estas herramientas tecnológicas a sus clases, pero desgraciadamente esto no ha ocurrido. Si los profesores utilizan videos y discos compactos en sus aulas, el siguiente paso podría ser que hicieran uso de algún programa de entrenamiento auditivo.

Recientemente pude ser testigo de cómo un grupo de estudiantes a punto de terminar su carrera técnica en interpretación –de una escuela de música de la que no diré su nombre– eran incapaces de escribir un dictado rítmico simple o un dictado melódico en modo mayor con sólo los tres primeros grados de la escala y no podían distinguir intervalos melódicos que no fueran octava o quinta. Según me informaron los propios alumnos, este tipo de ejercicios rara vez los hacían en clase, lo que explica su deficiencia en esos puntos; pero lo lamentable es que con sólo treinta minutos diarios, con la ayuda de un programa de entrenamiento auditivo podrían, trabajando individualmente en sus casas durante unos tres o cuatro meses, haber logrado un avance significativo en esas áreas y cubrir esas carencias en su educación.

Hay un conjunto de conocimientos musicales básicos que generalmente se aprenden en ejercicios de tipo estímulo-respuesta, como el aprendizaje de armaduras, métricas, nombres de notas y de intervalos, reconocimiento visual de escalas, etc., ejercicios que pueden ser practicados en programas de entrenamiento individual. El papel del profesor seguirá siendo importante ya que tendrá que presentar todos estos conocimientos de una forma que el alumno vaya relacionando significativamente uno con otro, dejando al alumno que a través del programa lleve a cabo la parte repetitiva, esto es, la parte que les hará dominar ese tópico en específico.

Por otro lado, el uso de secuenciadores –programas que graban y reproducen las interpretaciones llevadas a cabo en un teclado electrónico– también puede ser de gran provecho dentro del aula. Con un secuenciador el profesor de solfeo puede crear material para ejercicios auditivos y el maestro de análisis puede usarlo para, por ejemplo, aislar el sonido de una familia de instrumentos del resto de la orquesta en una obra sinfónica o resaltar lo que toca un instrumento en particular. Siendo estudiante, utilicé el secuenciador para aprenderme cada una de las voces de una fuga para órgano que estaba practicando: grabé las cinco voces y les asigné diferente timbre e incluso diferente localización en el campo de sonido estéreo. Aquí presento un ejemplo:

Fuga de órgano «orquestada» con un secuenciador

Un secuenciador también puede usarse para promover la experimentación del alumno, desde edades muy tempranas, dentro de la composición y el arreglo. Se le pueden dar al alumno varias secuencias o fragmentos de música y él los ordenará de una manera que le parezca lógica musicalmente. A una obra musical que se le proporcione, el alumno podrá añadir cambios dinámicos, accelerandi o ritardandi, o crear doblajes de instrumentos, trasposiciones, retrógrados, etc. En las escuelas de jazz y rock se pueden crear pistas musicales para desarrollar la improvisación de los alumnos. Y hasta en la clase de contrapunto puede utilizarse:

Un profesor dió la misma clase de contrapunto a dos diferentes grupos de estudiantes. El primer grupo fue enseñado de la manera tradicional: el profesor daba tareas, los estudiantes se iban, escribían, regresaban, ponían el ejercicio en el pizarrón, lo cantaban, lo tocaban y escribían mas. El segundo grupo fue enseñado en el estudio de cómputo. Lo que descubrimos fue que en el salón de clases tradicional, los estudiantes cuando mucho tocaban sus ejercicios una vez antes de entregarlos. Además los estudiantes no hacían cambios basados en esa única audición. Con la clase de contrapunto en el laboratorio de cómputo, los estudiantes escuchaban sus ejercicios al menos 25 veces antes de entregarlos, y hacían unas siete correcciones en promedio, basados en su repetida audición.[1]

El ejemplo anterior, aunque se puede llevar a cabo con un secuenciador, también puede realizarse con un programa de notación musical –como Finale, Sibelius o Musescore–, aplicación que actualmente se ha vuelto indispensable para todo estudiante de composición y cuyo uso es promovido y hasta exigido por los propios profesores.

Los programas multimedia representan también una ayuda enorme para el profesor en el aula o para el estudio individual del alumno. ¿Qué es lo que hace un programa multimedia? Digamos que en mi tableta electrónica leo un análisis de la novena sinfonía de Beethoven; pero qué pasaría si en el mismo medio tuviera acceso a la grabación de la misma, es más, a diferentes versiones de la sinfonía, además de la posibilidad de visualizar la partitura en el momento mismo de la escucha y hasta poder consultar el manuscrito del compositor. Por supuesto que tendría una experiencia de aprendizaje más integral; precisamente, esto es lo que proporciona un programa multimedia.

Aquí comparto algunos ejemplos:

https://youtu.be/3xNT6hqq6-Q

https://youtu.be/QeenVPHSCe8

He hablado de cuatro tipos de programas –de entrenamiento auditivo, secuenciadores, de notación musical y multimedia– que pueden enriquecer y facilitar el proceso de enseñanza-aprendizaje. Sé que ha sido una descripción muy general, encaminada principalmente a despertar tu interés, pero en las próximas semanas publicaré una serie de artículos dedicados a profundizar en varios de ellos. Así que no te alejes de este blog donde espero contar nuevamente con tu visita.

Notas

[1] Paul Bardick. Music and Computers. Jan/Feb 1998. Pag. 26. Profesor de Teoría, y de Tecnología Musical en el Conservatorio de Música New England, en Boston, Massachusetts.

Cuando tu profesor te quita las ganas de componer

Cuando tu profesor te quita las ganas de componer

Lo confieso, soy uno más de los mexicanos que ejercen sin tener título: me dedico a componer sin tener ningún documento que me lo autorice. Pero, siendo honesto, sí llegué a cursar una materia, “Introducción a la composición”, en la Escuela Nacional de Música con el profesor Federico Ibarra. Hay al menos dos razones por las que no la considero importante en mi formación: primero, era una clase de análisis musical más que de composición y, segundo, era impartida por un alumno del último año de la carrera, no por el maestro Ibarra, a quien lo veríamos tres o cuatro veces en el semestre. El resultado de eso fue que ya no quise saber más de la composición y me cambié a la carrera de órgano. Años después, ya con el título de organista en mis manos, decidí que no quería saber nada más del órgano y regresé a la composición, pero ahora por mi cuenta, sin ninguna guía, sin ningún maestro.

Hace unos meses, por casualidades de la vida, y después de años de componer de manera autodidacta, me encontré nuevamente en un curso de composición. A diferencia de hace años, ya no era necesario llevar nuestro manuscrito, ya no había que tocar nuestra obra al piano, ahora la dinámica consistía en llevar los archivos creados en Sibelius —el programa de notación musical preferido por toda la clase, menos por mí—, y ejecutarlos en la computadora del aula para que en una pantalla de cincuenta pulgadas todos pudieran ver la partitura deslizarse en sincronía con el audio que reproducía el mismo programa. Después de escuchar y ver la obra del alumno elegido, sus compañeros darían su opinión y hasta el final se escucharía la del profesor.

Una de las opiniones que dió el profesor a un compañero, realmente me sorprendió. El profesor le cuestionaba el tener demasiados pasajes escalísticos y le decía:

­—¿Por qué seguir usando escalas? Llevamos cientos de años usando escalas, ¿por qué seguirlas usando ahora? ¿O es que quieres sonar como Bach?

Pensé “¿Esto es en serio?”. Me parecía tan absurdo como decirle a un escritor: “¿Todavía sigues escribiendo usando oraciones? Llevamos siglos haciéndolo, ¿o es que quieres parecerte a Cervantes?” Pero no era broma. El profesor lo había dicho con absoluta seriedad. O sea que ¿el usar escalas te va a hacer sonar como Bach?, ¿acaso no importa la escala que uses? ¿Y qué pasa con su construcción melódica, su armonía, sus texturas contrapuntísticas, y demás elementos de la música? Por otro lado, si yo pudiera sonar como Bach, sería un gran logro. Probablemente no lo vería como el objetivo principal de mi carrera pero si lograra sonar como don Juan Sebastián es porque tendría un dominio enorme de los diferentes elementos musicales. No me molestaría poder componer algo que sonara a Bach.

Todo eso pensé pero no dije nada. Esperé a que mi compañero respingara, o alguien más de la clase, pero no ocurrió. El acusado asintió, con cara de absoluta confianza en la apreciación y dichos del profesor, luego tomo el ratón y dió unos cuantos clics en la computadora para resaltar las secciones con la característica aludida, supongo que para poder “corregirlas” posteriormente.

Llegó mi turno. Abrí un archivo de audio con la versión Midi de mi obra. Podría haber puesto en la megapantalla el archivo PDF de mi partitura pero decidí no hacerlo porque… ¡quería que escucharan mi composición!

Mi obra sonó en las bocinas. Esos segundos de silencio que transcurren entre el fin de la pieza y el primer comentario siempre se hacen eternos. Estaba preparado para las críticas: en una clase anterior ya había sido tachado de tradicionalista por usar pulso y métrica en una obra electroacústica y por mi amplio uso de elementos melódicos, así que tenía ya una idea de lo que podrían comentar.

El profesor les cedió la palabra a mis compañeros y uno de ellos dijo:

—La segunda parte de tu pieza como que no camina, yo creo que es porque la flauta toca siempre en el mismo registro.

—¿Cuál mismo registro? —repliqué—. En esa sección la flauta va desde su nota más grave y va subiendo lentamente hasta más de dos octavas, ¿no lo escuchaste?

—Bueno, por eso dije “creo que…”.

—Yo no encontré una célula, un motivo melódico en toda la primera parte —comentó un segundo compañero.

—Cómo que no, si todo el tiempo lo estoy machacando, lo repito muchísimo.

—¿O tú la escuchaste?, le preguntó al primero.

El profesor se adelantó y dijo: “Sí, es está” y a continuación la entonó.

—¿Tienes una versión impresa de tu partitura? —me solicitó el profesor.

Saqué la partitura, la pusieron en el atril y todos se acercaron a ella.

El tercer compañero dijo —No percibí la métrica a cinco octavos que escribiste.

“Pues cualquier alumno de primer año de solfeo la podría percibir” estuve a punto de decirle, pero nada más hice un gesto de “ni modo”.

—Salvador —dijo el maestro—, como que esta segunda parte es algo completamente diferente, no tiene relación con la primera.

—Claro que sí, el motivo que está tocando la flauta es el mismo con el que empieza la obra pero en retrogradación (Nota para los no músicos: una melodía en retrogradación es la que se obtiene de tocar un tema a partir de la nota final, luego la penúltima, la antepenúltima y así hasta llegar a la primera).

—Tal vez lo puedas justificar teóricamente como un retrógrado pero eso no quiere decir que se escuche —intervino un tercer compañero.

—Puede ser, pero ese motivo, así en retrógrado, ya lo había expuesto en la primera sección, si no lo escuchaste, puedes ver la partitura, aquí aparece…—y empecé a contar en la partitura—, ¡doce veces!, ¡nada menos!

Mi compañero se acercó a la partitura, la observó y pareció convencerse.

En ese momento me di cuenta de algo muy grave: los compañeros ahí reunidos no eran capaces de percibir a través de la escucha; no percibían una métrica, un cambio en el registro de un instrumento, un contorno melódico repetido muchas veces, necesitaban de la partitura para poder entender lo que ocurría auditivamente. Pero… ¡la música se escucha, no es para verse! Sé que esto es una obviedad pero por eso mismo indica lo enorme del problema.

Continué explicando la segunda sección de mi pieza:

—Por supuesto, el ritmo e intervalos de ese motivo los varío, y la métrica y el tempo son diferentes porque lo que quiero es una sección contrastante y…

—Ah, entonces, si quiero una segunda parte que contraste, le inserto ahí una cumbia, y va a contrastar con lo primero, ¿no? —me interrumpió el profesor.

Quedé impávido. No podía ser posible que estuviéramos en ese nivel de argumentación. Esto me lo decía el profesor, no un simple aficionado a la música, no un alumno principiante, sino “El Profesor de Composición”.

—Tu ejemplo es muy, es muy…—dije moviendo mi cabeza de un lado a otro sin encontrar una palabra decente para describirlo.

—Sí, ya lo sé, estoy caricaturizando —replicó—. Bueno, esperemos que estos motivos de la segunda sección se vean reflejados en la parte final de la pieza.

Suspiré decepcionado. ¿Qué estaba haciendo aquí? Antiguos compañeros de la Facultad de Música y uno que otro exalumno me habían contado cosas sorprendentes de sus maestros de composición; ahora podía comprenderlos.

En los siguientes días y semanas me pasó algo extraño. Tenía que componer la tercera parte de mi pieza, pero no podía. Abría el piano, prendía la computadora y en ese momento venían a mí las imágenes de aquel día. Me acordaba de sus críticas, y a pesar de estar satisfecho de cómo las había refutado me seguían provocando un gran malestar, así que buscaba ocuparme en otra actividad y evadir la composición. Si lo razonaba, todo era muy claro: sabía que quería hacer musicalmente con mi pieza y no me influiría lo que me habían dicho…, pero sentía una gran resistencia, todo mi cuerpo se negaba.

Y continué evadiendo la conclusión de mi obra. Falté a las siguientes clases, a muchas de ellas.

Siempre había sido un placer el sentarme frente al piano para dedicarme a componer. Era un acto gozoso, aún cuando hubiera días en los que me pasaba descartando ideas y tachando pautas en mi cuaderno. Siempre había disfrutado este proceso, por eso es increíble que toda mi motivación para componer desapareció en el momento que… ¡en el momento que tuve un maestro de composición!

Cómo ser feliz si eres músico o tienes uno cerca (reseña bibliográfica)

Cómo ser feliz si eres músico o tienes uno cerca (reseña bibliográfica)

Cómo ser feliz si eres músico o tienes uno cerca
Guillermo Dalia
MUNDIMUSICA (2008) Madrid
Páginas: 214

No es que uno sea una persona especial por el hecho de ser músico –aunque sé de muchos compañeros que se lo creen–, pero es verdad que la carrera del músico tiene una serie de características que no se encontrarán en otras profesiones. La duración de la carrera, un mínimo de siete años, y la cantidad de horas que el estudiante pasa solo con su instrumento parecen ser aspectos definitorios en la manera como nos comportamos los músicos.

Es común escuchar que alguien diga orgullosamente “música no es lo que hago, música es lo que soy” sin darse cuenta de lo perjudicial que puede ser que dicha frase se tome en serio. Guillermo Dalia, psicólogo clínico especializado en problemas de ansiedad escénica en músicos, apunta que “es frecuente encontrarse con músicos que viven la música 24 horas al día y que no posean otras distracciones que no deriven de aquella” (p. 28) y nos explica a continuación que el bienestar del individuo no puede estar sustentado sólo en su profesión sino que debe estar apoyado también en su familia, en su relación de pareja, en su grupo de amistades, en los pasatiempos y diversiones –fuera de la música, por supuesto–, en la práctica de un deporte, entre otros puntos. Siendo la práctica de la música tan absorbente, es fácil que descuidemos las otras áreas de importancia para todo ser humano.

Sí, la música nos apasiona, nos entretiene y nos divierte, pero también la sufrimos, por ejemplo, con la ansiedad escénica, que parece alcanzar hasta al 80 por ciento de los músicos en diferentes etapas de su carrera. Es a través del tratamiento del pánico escénico que Guillermo Dalia entra en contacto con gran cantidad de músicos y llega a delinear cinco características que los unifican: individualismo, competitividad, pensamiento dicotómico, crítica y divismo. Sé que lo anterior no suena muy halagüeño, pero si tú, músico, lees este libro con la apertura suficiente y sin tratar de justificarte, podrás ver, como me pasó a mí, que este libro te irá describiendo de forma asombrosa. También te hará comprender varios comportamientos y costumbres que vamos aprendiendo a lo largo de la carrera y que no cuestionamos nunca. Por ejemplo, cuando el profesor de instrumento se siente padre y casi dueño de los alumnos a los que instruye, y provoca que estos alumnos formen un clan alrededor de él para competir y enfrentarse con el clan de alumnos de otro profesor.

Otros tópicos que también se abordan en el libro son: la relación del músico con su instrumento, el músico y su pareja, el estudiante de música, los padres del estudiante de música, el profesor de música, y el músico de orquesta. Aunque habla en su mayoría de los músicos de conservatorio y sólo ocasionalmente de los de música popular o de los aficionados, puede servir de igual manera a estos últimos. Escrito en lenguaje simple, este libro no va a dirigido a los especialistas sino al músico y, como lo dice su título, a los que se encuentran cerca de él y quisieran comprender por qué es así –mi novia ya tiene su ejemplar, por cierto.
Es uno de esos libros que te hará afirmar: “si años atrás me hubieran dicho esto…”.

Portada Dalia 2

 

4 Formas de Academizar el Rock

4 Formas de Academizar el Rock

En mi artículo “4 maneras de rocanrolear a los clásicos” ( https://salvadorgovea.com/2017/06/22/4-maneras-de-rocanrolear-los-clasicos/ ) expongo varias formas en las que el rock y la música académica —llamada comúnmente “clásica”— han interactuado a través de la historia. Ahora muestro cuatro formas más en las que se mezclan estos dos estilos musicales.

1. Obras para orquesta “clásica” compuestas por músicos de rock.

Es un hecho cada vez más frecuente que músicos y compositores del rock, u otros estilos de la música popular, se aventuren a escribir obras para orquesta sinfónica o ensambles de la tradición musical occidental. Como ejemplo tenemos a :

Keith Emerson (de Emerson, Lake and Palmer), Concierto No,1 para Piano y Orquesta (1977)
Frank Zappa, The Perfect Stranger (1984)
Paul McCartney, Oratorio Liverpool (1991)
David Byrne (fundador de Talking Heads), The Forest (1991) —basado en la Epopeya de Gilgamesh.
Stewart Copeland (baterista de The Police), la ópera Holy Blood and Crescent Moon (1989)

Aunque cada obra debería ser analizada en particular, se pueden hacer algunas observaciones generales. Para empezar, representa un gran reto componer una obra de estas dimensiones para alguien que usualmente hace canciones de tres minutos. Por lo general, estos músicos no tienen las herramientas compositivas para llevar adelante una estructura de larga duración que sea coherente y en muchos casos “el resultado es que las obras pueden terminar sonando fragmentadas y musicalmente ingenuas” (Polkow, 1992, p. 21)

En segundo lugar, el desconocimiento de la notación musical y de principios de orquestación hace que estos roqueros necesiten mucho más que una “pequeña ayuda” de los músicos de conservatorio, al grado que, en varios casos, los orquestadores de estas obras deberían ser reconocidos como coautores de las mismas.

Por último, como apunta Edward Macan “los músicos de rock a menudo se esfuerzan demasiado en ajustar sus ideas formales, timbricas y armónicas en los ‘aprobados’ moldes clásicos” (1997, p. 251), cuando lo interesante de estas obras sería que los compositores explotaran sus conocimientos y práctica del estilo del rock.

2. Obras para orquesta sinfónica y grupo de rock.

Ejemplos de este tipo de colaboración los venimos observando desde hace varias décadas:

The Moody Blues, Days of Future Passed (1967)
The Nice, Five Bridges (1969)
Deep Purple, Concierto para Grupo y Orquesta (1970)
Yes, Time and a Word (1970)
Pink Floyd, Atom Heart Mother (1970)
Procol Harum, Live with the Edmonton Symphony Orchestra (1972)
Renaissance, Scheherazade (1975)
Emerson, Lake and Palmer, Pirates (1977)

Además de los tres problemas listados en el punto anterior, aquí tenemos uno más, el de las diferencias del sentido rítmico entre músicos de rock y músicos de conservatorio. En estos últimos, el ritmo y el pulso son mucho más flexibles que en los roqueros, lo que puede acabar con el pulso energético característico del rock —tal vez por eso, las piezas para orquesta y grupo de rock tienden a seguir una estructura donde ambas agrupaciones van alternando pasajes dentro de la obra. Aún así, han existido obras muy bien logradas:

«Piratas» (1977) de Emerson, Lake and Palmer, compuesta a finales de la era del rock progresivo «clásico», representa probablemente la mezcla más satisfactoria de las dos fuerzas; las transiciones entre las partes con banda de rock a las secciones con pasajes orquestales se producen sin fisuras en esta obra en particular, a diferencia de la mayoría del «rock sinfónico». (Macan, p. 250)

3. Discos con orquestaciones de piezas de rock.

También ya existe un gran número de grabaciones que explota la idea de tomar los grandes éxitos de las bandas de rock y arreglarlos y orquestarlos para orquesta sinfónica. Nuevamente, debido a las diferentes concepciones rítmicas de músicos de academia y de rock, el resultado musical puede carecer de la fuerza de la versión original en rock.

Por otro lado, hay veces que la transcripción de una pieza de rock a orquesta no es tan simple. Escuchemos las siguientes líneas de bajo eléctrico:

Si queremos que los contrabajos toquen esas líneas nos encontraremos con algunas dificultades. Para acercarse al sonido percusivo del bajo eléctrico tendríamos que pedirles a los contrabajistas que lo tocaran en pizzicato, esto es, pulsando la cuerda en lugar de usar el arco, y esto haría muy difíciles estos pasajes. Las notas mute —notas que no tienen una altura precisa pero nos dan efecto rítmico; en la partitura son las marcadas con una “X”— son difíciles de percibirse en el contrabajo. Pedir que la sección de contrabajos de la orquesta haga este tipo de frases, a esa velocidad y con la precisión rítmica que se requiere puede ser arriesgado.

Por eso es que las orquestas tienden a invitar a un bajista para tocar esos pasajes. Luego invitan a un baterista para tener un pulso más estable. Y después se les ocurre invitar a un guitarrista para escuchar esos timbres con distorsión, dando como resultado… ¡una versión para orquesta y grupo de rock!

4. Aplicación de conceptos clásicos en el rock.

Este es el enfoque más desafiante, pero puede ser el más exitoso. La longitud no es lo importante. Una pieza de rock de larga duración es justamente eso: una pieza de rock larga; sin embargo, si hay desarrollo temático y estructura con propósito, el resultado puede, en efecto, ser comparable a los modelos clásicos, simplemente usando un lenguaje musical diferente. Los logros más impresionantes en el art rock se encuentran dentro de esta categoría. (Stuessy, 2013, p. 206)

Ejemplificaré esta modalidad a través de la fuga, una práctica composicional de la música académica que se basa en la presentación de una melodía de manera sucesiva en diferentes instrumentos. Intentaré explicarlo brevemente: digamos que tenemos una melodía, o tema, que es tocada por un instrumento en solitario; al llegar al final del tema en el instrumento inicial, un segundo instrumento lo imita tocando la misma melodía mientras el primero continúa con alguna melodía de apoyo, de menor importancia; una vez que el segundo instrumento ha tocado el tema en su totalidad entra un tercer instrumento tocando el tema mientras las dos primeras ejecutan melodías de soporte armónico o acompañamiento, y así seguiríamos si es que tuviéramos más instrumentos.

Aplicaré esta descripción a la pieza del grupo Gentle Giant, “Moog Fugue”.

La aparición de la melodía principal en los diferentes instrumentos la encontramos en los siguientes puntos:

00:00 Tema en instrumento 1
00:13 Tema en instrumento 2, el primero continúa con melodía de acompañamiento.
00:27 Tema en instrumento 3, mientras los instrumentos 1 y 2 acompañan melódicamente.
00:40 Cuarta aparición del tema. Entra acompañamiento de batería.
Y así sucesivamente.

Dos ejemplos más de fuga en el rock —aunque de una forma menos estricta que en la fuga de Gentle Giant:

Van Der Graaf Generator – Meurglys III

Focus – Carnival Fugue

Hay numerosos ejemplos de la aplicación de conceptos académicos en el rock y de algunos ya he hablado en otro artículo, el cual te invito a consultar: https://salvadorgovea.com/2016/07/28/rock-y-musica-clasica-la-obra-de-keith-emerson-segunda-parte/

Referencias

Macan, E. (1997). Rocking the Classics: English Progressive Rock and the Counterculture. New York: Oxford University Press.

Polkow, D. (1992). Rock Meets Classical. Musical America, 112(1), 16-21.

Stuessy, J., & Lipscomb, S. D. (2013). Rock and roll: its history and stylistic development. Boston: Pearson.

El punk mató al rock progresivo: la gran mentira

El punk mató al rock progresivo: la gran mentira

Ocurre a menudo que cierta idea ampliamente difundida, después de investigarla un poco se encuentra que no tiene ningún fundamento que la respalde. Cito algunos ejemplos. Estamos acostumbrados a ver una representación de un vikingo portando un casco con dos cuernos; pues los cascos nunca fueron así, esa imagen surgió de un pintor que quería hacer que los vikingos se vieran más atemorizantes. En la escuela primaria nos hacían aprendernos la biografía de Francisco I. Madero pero… ¿sabíamos que significaba la letra “I” en su nombre? ¿Israel?, ¿Ifigenio?, ¿Inocencio? ¡Ah, Indalecio!, ¿verdad?, eso es lo que nos dijeron en la escuela. Pues ocurre que se encontró su acta y su fe de bautismo y se vio que su segundo nombre era Ignacio. También nos cuentan que el niño héroe Juan Escutia se envolvió en la bandera nacional y se aventó desde no sé dónde del castillo de Chapultepec; pero ¿alguien lo vió realmente?, ¿qué testigos tenemos de ello?, ¿será una historia creída por todos pero sin una base real?

Si presento esto como introducción es porque creo que hay una idea sobre el rock progresivo que es una falacia. En realidad, creo que hay muchísimas mentiras que se han dicho sobre el progresivo pero analizaré sólo una: la afirmación de que el rock punk acabó con el rock progresivo.

Morat (2000, p.39) nos presenta un ejemplo típico de esta idea: “Hace mucho tiempo, cuando los dinosaurios (Emerson, Lake and Palmer, Genesis et al.) gobernaban la Tierra, los Pistols fueron quienes los llevaron a la extinción.” Y en un documental de la BBC, un supuesto experto afirma “Casi de la noche a la mañana, después de los Sex Pistols, el rock progresivo se detuvo abruptamente”. Variaciones de estos enunciados los encontramos a cada momento en libros y documentales de rock —incluso en aquellos que no menosprecian al progresivo.

Digamos que aceptamos dicha declaración. Si el punk acabó con el progresivo, ¿en qué aspectos se notaría esto? Se me ocurre lo siguiente:

  1. Al surgir el punk las ventas de los álbumes de rock progresivo caerían drásticamente o, de plano, estos grupos dejarían de grabar álbumes.
  2. Los conciertos de los grupos progresivos estarían semivacíos porque se fueron a escuchar a bandas de punk.
  3. El punk llega a ser tan dominante que los roqueros progresivos abandonan su estilo para dedicarse a tocar punk.

Revisemos el primer punto: ¿cuántos álbumes vendieron los grupos de progresivo del año 1976 en adelante? Uso como punto de partida el año de 1976 porque es cuando los Sex Pistols lanzan su primer sencillo y por su polémica aparición en televisión, en diciembre del mismo año, que se tradujo en una gran atención de los medios. Veamos estos datos —tomados de la Wikipedia en Inglés.

Grupo Album Fecha Ventas
Jethro Tull Songs from the Wood Febrero 1977 Disco de Oro (U.S.A., Canadá)
Heavy Horses

 

Abril 1978 Disco de Oro (U.S.A.), Disco de Plata (U.K.)
Live – Bursting Out Septiembre 1978 Disco de Oro (U.S.A., Canadá), Disco de Plata (U.K.)
Stormwatch

 

Septiembre 1979 Disco de Oro (U.S.A., Canadá)
Genesis A Trick of the Tail

 

Febrero 1976 Disco de Oro (U.S.A., U.K., Francia)
Wind & Wuthering

 

Diciembre 1976 Disco de Oro (U.S.A., U.K., Francia)
…And Then There Were Three…

 

Marzo 1978 Disco de Oro (Alemania, U.K., Francia). Disco de Platino (U.S.A.)

Se pueden consultar las discografías de Yes, Pink Floyd y Emerson, Lake and Palmer y se verá que ocurre algo similar: obtienen discos de oro, de platino y de plata. Incluso “Love Beach” de ELP, que es considerado por muchos como un álbum fallido, fue disco de oro en Estados Unidos.

Vayamos al punto dos: ¿qué ocurrió con los conciertos de los grupos progresivos a partir de 1976?

La gira norteamericana de Emerson, Lake and Palmer de 1977 es tan grande como las anteriores e incluye cuatro fechas en el Madison Square Garden y dos en el estadio Olímpico de Montreal. (Forrester, Hanson & Askew, 2001) También en esos años, el número de conciertos y el tamaño de los foros en que se presentan Yes y Pink Floyd son igualmente impresionantes.

De tal forma que, no se puede establecer ninguna relación entre el surgimiento del punk y las ventas de discos y boletos de los grupos progresivos porque estas continuaron igual de bien que antes. Lo volveré a decir: el rock progresivo seguía teniendo un gran impacto comercial así que no hay manera de establecer ninguna influencia sobre este del rock punk.

Como afirma Sean Albiez (2003, p. 360) “De hecho, el punk no podía competir comercialmente, a finales de los 70 y principios de los 80, con Pink Floyd, Genesis o Yes, artistas de pop/rock como ELO, Abba y David Soul, o con la música disco.”

Punto número tres: por supuesto que ningún grupo progresivo cambió su estilo para tocar punk. Aunque es notoria una simplificación del rock progresivo en varios elementos de su música, habría que demostrarse si esto se debió al punk. Para Edward Macan (1997, p. 186-87) esta simplificación se debió a dos derivados del rock progresivo, el «Stadium rock»— Kansas, Boston, Styx, Rush, Toto, Journey, R.E.O. Speedwagon, Foreigner, Heart, etc. — y el “Pop Sinfónico Británico” — Electric Light Orchestra, Supertramp, 10 cc, the Alan Parsons Project, entre otros.

En resumen, el punk no llegó a tener gran influencia en esos años como a muchos les encanta decir. Dave Laing en “One Chord Wonders” (2015, p.46-7) afirma que “Hacia finales de 1977 estaba claro para la industria discográfica que el punk no se convertiría en ningún ‘Próximo Gran Suceso’ de la música. No había alcanzado ‘la prevista dominación por los punks y sus asociados’ descrita por un complacido comentarista”; y más adelante nos dice que “El rock punk, por tanto, no había conseguido emular el tipo de éxito comercial del anterior Next Big Thing, y por lo tanto su impacto estilístico en el mainstream musical fue limitado.”

Una vez visto que no hay fundamento alguno para decir que el punk acabó con el progresivo, la pregunta que sigue es ¿de dónde y por qué surgió esta mentira?

Tommy Udo (2017) nos cuenta que “Fue en las páginas de NME, Melody Maker y Sounds que nos dijeron que el progresivo era el enemigo de clase y se nos alentó a sentir odio.” El autor Sean Albiez concuerda:

La polarización entre el progresivo y el punk difundida en el período 1976-1977 puede tener tanto que ver con las políticas internas de clase y de género en las oficinas de Melody Maker (Caroline Coon contra … ¿todos los demás?) como con una verdadera oleada de sentimiento anti-progresivo. (Johnstone 1995, pp. 217-18). El análisis de Coon de la emergente escena punk como una deliberada patada de la clase obrera en la cara de los progresivos, universitarios de clase media, (una narración que Lydon emplea, pero que contradice implícitamente) parece un tropo definitorio que frenó el debate (…) La narrativa iconoclasta de Coon predeterminó los discursos futuros de la historia del punk, y se reproduce a menudo en populares historias televisivas del rock y del punk. (Albiez, 2003, p.359)

Como se ve, tenemos una idea inventada y difundida por la prensa de rock. Estos falsificadores de la historia continúan desde entonces repitiendo su mentira con absoluto descaro, mentira que otros, posiblemente sin mala fe pero con esa pésima costumbre de repetir sin verificar, reproducen una y otra vez.

Por mi parte, no me queda otra más que concluir, con base en la evidencia que te he presentado, que el punk ni cosquillas le hizo al rock progresivo.

Referencias

Albiez, S. (2003). Know history!: John Lydon, cultural capital and the prog/punk dialectic. Popular Music, 22(3), 357-374.

Forrester, G., Hanson, M., & Askew, F. (2001). Emerson, Lake and Palmer: the show that never ends. London: Helter Skelter.

Genesis discography. (2017, June 02). Retrieved June 20, 2017, from https://en.wikipedia.org/wiki/Genesis_discography

Jethro Tull discography. (2017, June 01). Retrieved June 20, 2017, from https://en.wikipedia.org/wiki/Jethro_Tull_discography

Laing, D. (2015). One chord wonders: power and meaning in punk rock. Oakland: Pm Press.

Morat. (2000). 1. The greatest punk album ever: Never Mind the Bollocks’. Noise Pollution: the Punk Magazine, 39-39.

Tommy Udo, T. (2017, June 07). Did Punk Kill Prog? Retrieved June 20, 2017, from http://teamrock.com/feature/2017-06-07/did-punk-kill-prog

 

 

4 Maneras de Rocanrolear a los Clásicos

4 Maneras de Rocanrolear a los Clásicos

Nos gusta pensar en opuestos: alto o bajo, héroe o villano, “lo amas o lo odias”, “si no estás conmigo, estás en contra de mí”. Esta dicotomía funciona bien para el guión de una telenovela o para un cómic, pero no encaja con la compleja realidad que vivimos. La vida no es en blanco y negro, entre uno y otro tenemos toda una gama de colores para escoger.

El pensamiento dicotómico se instala también en la música. ¿Que pasa si me gusta el rock y también la música de Bach?, ¿debo escoger entre uno de los dos? Según mi maestro de piano, así debía de ser: si quería tocar rock debía de hacerlo fuera del conservatorio. Según muchos críticos de rock, no puedes desear tocar música clásica cuando te dedicas al rock porque estarías traicionando a este. Sin embargo, a través de la historia se encuentran muchos ejemplos de la interacción entre la música de academia y la música de la calle. En este artículo y en el siguiente me concentraré en los coqueteos que han existido entre el rock y la música académica –o, como se le llama comúnmente, “música clásica”.

Antes de llegar al rock, veamos cómo la música clásica se ha hecho presente en varios géneros de la música popular. Según Janell R. Duxbury (2001, p. 70):

Cada estilo de música popular ha producido en su tiempo versiones de los clásicos. Muchos compositores a lo largo de la historia de la música se han deleitado en agregar un «nuevo» sonido a las melodías familiares. El rango y la calidad varían ampliamente en estos intentos de mezclar la música del pasado con el sonido del presente y el futuro.

Duxbury nos menciona ejemplos dentro de muchos estilos: baroque rock, soul, pop rock, disco, reggae, new wave, punk, scratch, heavy metal, Latin beat, ska, hardcore y rap, entre otros. A continuación te presento un ejemplo dado por Duxbury y dos más que yo aporto:

1. Coolio. Este rapero utiliza un gran hit de la música académica, el Canon en re mayor de Johann Pachelbel, como base de su pieza “C U when U get there”.

2. Silvio Rodríguez. La canción “Oh, melancolía”, del álbum del mismo nombre, inicia con el segundo movimiento de la Sonata para piano No. 8 “Patética” de Ludwig van Beethoven.

3. El pianista salsero Ricardo Maldonado, conocido como Richie Ray, se da el lujo de introducir un fragmento del Estudio Op. 10, No, 12 de Frédéric Chopin en la pieza “Sonido Bestial”.

Centrándonos ahora en el rock, mostraré cuatro formas en las que la música académica se ha hecho presente en este género.

Empezaré con un audio:

Audio 1: Fanfare

Los aficionados al rock progresivo estarán familiarizados con esta obra, “Fanfarria para un hombre común” de Aaron Copland y seguramente se imaginaron que al terminar esta se escucharía la música del grupo Emerson, Lake and Palmer; pero no fue así, esos acordes que se escucharon pertenecen nada menos que a The Rolling Stones, y esto ejemplifica la primera forma de traer la música clásica al rock.

1. Música clásica como preámbulo a un concierto de rock.

Varios artistas y grupos de rock anteceden su entrada al escenario con alguna obra clásica, ya sea interpretada en vivo o grabada. Aparte del ejemplo ya mencionado de The Rolling Stones también tenemos a :

Yes con el fragmento de “El Pájaro de fuego” de Stravinsky
Elvis Presley con “Also Sprach Zarathustra” de Richard Strauss
Queen en su gira de 1977 con la “Obertura 1812” deTchaikovsky
David Bowie en su gira de 1972 con el “Himno a la Alegría” de la Novena Sinfonía de Beethoven en la versión de Wendy Carlos.

2. Cita musical.

Aquí se trata de hacer una pequeña mención de una melodía, por lo general muy conocida, en un contexto armónico, instrumental y estilístico completamente ajeno. Se toca la melodía una sola vez, como de pasada, y se continúa con el curso que llevaba la pieza. Si el público conoce la melodía citada entonces notará la incongruencia entre esta y el contexto musical en el que se presenta produciendo así sorpresa y, posiblemente, risa en el escucha —de hecho, se utiliza a menudo como broma musical.

Un muy buen ejemplo, aunque no es del rock, lo tenemos en “Venga la esperanza” de “Silvio Rodríguez en Chile”: cerca del final de la pieza se toca el tema del cuarto movimiento de la novena sinfonía de Beethoven, conocido popularmente como “Himno a la alegría”. También puede escucharse al inicio de este fragmento y a los 27 segundos una cita de “Jesús, alegría de los hombres” de J.S. Bach.

Audio 2: Silvio Rodriguez con Irakere

Al inicio de “Great Expectations» de Kiss se escucha el segundo movimiento de la Sonata para piano No. 8, “Patética”, de Beethoven –sí, es la misma pieza que también cita Silvio Rodríguez en “Oh, melancolía”.

https://youtu.be/O3ZLuUXQ6js

En «Hard lovin’ woman» de Deep Purple, en su versión en vivo, el solo de guitarra cita la melodía de Pompa y Circunstancia de Edward Elgar.

Nuevamente Deep Purple, ahora con «Speed King» en la versión del disco “Come hell or high water”. Inician la pieza citando a Joseph Haydn con el segundo movimiento del cuarteto de cuerdas en Do mayor, op.76, #3.

https://youtu.be/DbsbJ5Iy6sk

Aquí tenemos el original de Haydn:

3. Uso de una melodía clásica como melodía principal de la pieza en estilo de rock.

Aquí se tiene una pieza de rock, con todos los elementos propios de este, en la que se utiliza una melodía del repertorio clásico. Puede tomarse un tema completo o sólo un fragmento, como en el primer ejemplo que presento.

Billy Storm en «I’ve Come of Age» (1959) toma la melodía del segundo movimiento de la quinta sinfonía de Pyotr Ilyich Tchaikovsky. En el siguiente audio se escucha primero a Tchaikovsky y después a Billy Storm.

Audio 3: Billy Storm

En nuestros primeros años de estudio, la mayoría de los pianistas tuvimos que practicar el siguiente Minueto en Sol mayor de Johann Sebastian Bach.

La melodía de la primera parte del minueto fue tomada para el “Concierto para enamorados” interpretada por The Toys.

https://youtu.be/aGDZc9bdUZM

En 1960 Elvis Presley interpreta la pieza “It’s Now Or Never” basada on “O Sole Mio” de Eduardo di Capúa. La melodía original se ocupa en su totalidad, aunque en la versión de Presley se cambia un poco la estructura ya que inicia con la sección del estribillo en lugar de la estrofa.

De acuerdo al listado que nos ofrece la Wikipedia (ver referencia al final), parece que al llamado “Rey del Rock” le gustaba hacer versiones de melodías de compositores clásicos. Además de la mencionada tenemos:
«Today, Tomorrow, and Forever» basada en Liebesträume by Franz Liszt.
«Can’t Help Falling in Love» tomada de «Plaisir d’amour» de J.P.E. Martini
«Tonight’s All Right for Love», adaptado de una melodía de Johann Strauss II.
«Tonight’s Is So Right for Love» con melodía de Jacques Offenbach.

4. Adaptación completa de una obra al estilo de rock.

No sólo se toma la melodía principal, sino también las melodías secundarias, la armonía, la idea de la orquestación o arreglo, y la estructura de la pieza; esto es, se toma una gran parte de los elementos musicales que definen la pieza, aunque a menudo se hace sobre un sólo movimiento o sección de la obra clásica. Una buena descripción de esta modalidad nos la dan Stuessy y Lipscomb (2013, p. 206):

Aquí se toma prestada una mayor parte de la obra clásica: la forma, los acordes, las melodías y el desarrollo interno tal como pretendía el compositor clásico. Estos elementos son transformados por la instrumentación, textura e interpretación rítmica del rock. Si se hace bien, este método ofrece una verdadera mezcla de estilos.

Ejemplifico este método con la versión de Emerson, Lake and Palmer de Cuadros de una Exposición de Modest Mussorgsky, específicamente la tercera aparición del movimiento “Promenade”.

https://youtu.be/m-8ETea8xEM?t=19m13s

A diferencia del inicio de la obra, donde Emerson toca solo el “Promenade” con un órgano tubular, aquí “Emerson utiliza un timbre de Hammond sucio y saturado (…) Lake toca la línea de bajo casi igual que la mano izquierda de la partitura del piano (…) Palmer orquesta con un estilo de redobles militares de tarola, de inspiración clásica.” (Macan, 2006, p. 180)

De la famosa “Toccata y fuga en re menor” para órgano de J.S. Bach el grupo Egg toma el inicio de la fuga y crea su propia versión usando órgano eléctrico, batería y bajo eléctrico. Tras una introducción de 11 segundos entra el tema de la fuga y se respeta la estructura original de esta —con algunas figuraciones de bajo añadidas por el grupo— hasta el minuto 1:56 de la pieza, punto en el que Egg empieza a jugar con variaciones de los motivos de la fuga, regresa a la introducción y finaliza con una serie de acordes.

 

Esta clasificación que propongo es sólo un acercamiento a los tipos de interacciones que se pueden dar entre el rock y la música clásica. Por supuesto que habrá ejemplos que no se puedan colocar en ninguno de los cuatro apartados así como algunos que puedan encajar en más de una categoría. De cualquier manera, seguiré hablando de esto en mi próximo artículo “4 formas de academizar el rock”.

Referencias

Duxbury, J. R. (2001). The Nexus of Classical and Rock. Progression, 39. 70-74.

Macan, E. (2006). Endless enigma: a musical biography of Emerson, Lake and Palmer. Chicago: Open Court

Stuessy, J., & Lipscomb, S. D. (2013). Rock and roll: its history and stylistic development. Boston: Pearson.

User:Melodia/List of popular songs based on classical music. (2017, February 01). Recuperado el 12 de noviembre de 2016 de https://en.wikipedia.org/wiki/User:Melodia/List_of_popular_songs_based_on_classical_music

 

 

 

La corrupción de nuestros políticos produce jóvenes deshonestos

La corrupción de nuestros políticos produce jóvenes deshonestos

“El tema de la corrupción, lamentablemente, es un cáncer social que no es exclusivo de México; lo es, yo creo, de todas las naciones, un tema casi humano, que ha estado en la historia de la humanidad.”, así lo dijo el presidente de México en una entrevista en agosto de 2014. Esta afirmación y frases como “La corrupción somos todos” —que se ha utilizado en campañas masivas — parecen apuntar a que la corrupción es inherente a la naturaleza humana. No obstante, alrededor del mundo los niveles de corrupción en diferentes países y los grados de honestidad de sus habitantes son muy variables, por lo que afirmar que existe en todo el mundo es evadir el problema.

En la entrevista citada el periodista León Krauze replicó al presidente Peña Nieto: “En Estados Unidos habitan más de 13 millones de mexicanos dispuestos a pagar impuestos, a no transgredir las señales de tráfico y a obedecer las leyes; por tanto, la corrupción no habría de ser un asunto relacionado con la cultura de las personas sino con el funcionamiento de las instituciones.”

Ricardo Raphael, autor de “El Mirreynato: la otra desigualdad” apoya la misma idea: “¿Por qué basta que un mexicano cruce la frontera del país para que su comportamiento se vuelva más honesto?” (2015, p. 129)

Un artículo publicado en el número 322 de la revista Science afirma que la inclinación de las personas a violar normas está influenciada por su entorno inmediato: “Las personas son más propensas a dejar caer la basura, evitar devolver sus carritos de compras e incluso traspasar en la propiedad privada cuando hay signos evidentes de desorden en su entorno, como graffiti.” (Keizer,K., Lindenberg,S. & Steg,L. Science 322, pp. 1681–1685; 2008 )

Entonces, el entorno influye pero ¿hasta que grado una sociedad corrupta modifica los niveles de honestidad? Simon Gachter y Jonathan F. Schulz se aventuraron a investigarlo (Nature, 531, pp. 496-499; 2016). Comenzaron por hacer una clasificación de 159 países de acuerdo a sus niveles de corrupción, evasión fiscal y fraude político, y a esto le llamaron índice de «predominio de violaciones a las normas» (PVN). Para ello utilizaron datos del año 2003.

De ese listado escogieron a 23 países representativos, en cada uno de ellos se tomó una muestra de adultos jóvenes – el promedio fue de 21.7 años – y después de forma individual se realizó con ellos el siguiente procedimiento. Uno por uno, a cada persona del grupo se le sentó en un cubículo donde tenía que tirar un dado dos veces y después reportar el número obtenido en la primera tirada. Según el número reportado el participante obtenía un pago: si reportaba uno obtenía una unidad monetaria, si decía que dos se le daban dos unidades monetarias y así sucesivamente, excepto que si reportaba seis no se le pagaría nada. El participante sabía que nadie más que él podía observar los resultados de los dados, por lo que se podría sentir tentado a mentir y reportar un número más alto para obtener más ganancia. Aunque de manera individual no se podría saber si mentían o no, el conjunto de todos los individuos de la muestra si arrojaría datos significativos. En un grupo “totalmente honesto” el porcentaje de cada número del dado sería de un sexto del total y en un grupo “totalmente deshonesto” todos los participantes, motivados por obtener la máxima ganancia, reportarían el número cinco del dado. De esta forma se obtiene una medición de la honestidad intrínseca en cada país.

Es así que ya tenemos dos series de datos, el índice de «predominio de violaciones a las normas» y la medida de honestidad intrínsenca, ¿cómo se relacionan unos con otros? El resultado encontrado fue que la honestidad individual es más fuerte en los países con bajo predominio de violación de normas (PRV) que en los países con alto PRV.

Una vez hecha la correlación entre honestidad intrínsenca y PRV, ¿cuál es el causante de cuál?

Los datos tomados para el índice PRV son del 2003 pero los individuos en los que se midió la honestidad intrínsenca participaron en el experimento entre el 2011 y el 2015. Si en el 2011 los participantes tenían 21 años –en promedio–, en el 2003 tendrían alrededor de 13 años, esto es, eran tan jóvenes que no podrían estar involucrados en actividades de evasión fiscal o fraude político que pudieran afectar la puntuación de su país en el índice PRV; por lo tanto, el probable camino causal es que el nivel de violaciones de normas de su país incidió en su nivel de deshonestidad individual.

En un spot de una campaña anticorrupción se escucha “Si de verdad quieres cambiar a tu país, cambia tú primero” y después muestra en pantalla el mensaje “La corrupción somos todos”. Pero ¿será posible el cambio individual cuando el entorno, las instituciones y la clase política se muestran continuamente como ejemplos de corrupción? O, como nos dice Ricardo Raphael: “La corrupción es posible en una sociedad donde la impunidad protege a los poderosos frente al castigo, y mientras mayor es el privilegio más grande es la impunidad. (…) Acaso, en vez de hablar de una cultura de la corrupción, sería necesario hacerlo de una estructura social que promueve (o inhibe) este fenómeno.”

Las conclusiones del artículo de Gachter y Schulz van en la misma dirección: “Las instituciones débiles y los legados culturales que generan violaciones de las normas no sólo tienen consecuencias económicas adversas directas sino que también pueden perjudicar la honestidad intrínseca individual que es crucial para el buen funcionamiento de la sociedad.”

Parece ser que la corrupción política engendra deshonestidad individual, como quién dice: la corrupción corrompe.

Bibliografía

Gaechter, S., Schulz, J. (2016). Intrinsic honesty and the prevalence of rule violations across societies. Nature, 531 (7595). 496-499.

Keizer,K., Lindenberg,S. & Steg,L. (2008). The Spreading of Disorder. Science, 322. 1681–1685;

Raphael, Ricardo, El Mirreynato: la otra desigualdad, México, Editorial Planeta Mexicana S.A. de C.V., 2015.

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Disculpa pública

No te has equivocado, estimado lector: este es un blog sobre música y músicos en México. Por eso te ofrezco una disculpa al publicar un artículo de esta naturaleza y también te explico mis razones.

  1. Todo músico es influido por la sociedad en la que vive, y un tema tan importante como la corrupción determinará aspectos del desarrollo del músico. En una publicación anterior ya hablé de la payola, práctica corrupta del ambiente musical, y posteriormente tocaré los temas del nepotismo y compadrazgo en la música, así que el artículo de hoy dará una base importante para contextualizar aquellos.
  2. Los músicos también necesitamos emitir nuestra opinión en asuntos que competen a la sociedad mexicana.

Te pido tu comprensión y prometo regresar a los temas musicales en mis próximos artículos.

¡Gracias por leerme!
Salvador Govea

El melotrón, emblema del rock progresivo

El melotrón, emblema del rock progresivo

Así como la imagen de un violín simboliza la música de concierto y la de una guitarra eléctrica, al rock, hay un instrumento que se ha convertido en la representación del rock progresivo: el melotrón.

Es importante, antes que todo, tener la experiencia de escucharlo. Aquí te pongo un ejemplo clásico de su sonido:


Audio 1. (00:24 min.)

Sé que lo reconociste, esto fue la introducción de la pieza “Strawberry Fields Forever” de The Beatles como fuera interpretada por Paul McCartney en un melotrón con sonido de flautas.

Sin embargo, el melotrón puede sonar de formas muy diferentes. Escucha con atención, a ver si puedes reconocer los trece timbres distintos que aparecen en este ejemplo (al final del artículo puedes cotejar la lista de los instrumentos escuchados).


Audio 2. (1:27 min.)

Un instrumento con tal variedad tímbrica nos llevaría a relacionarlo, de manera correcta, con el sintetizador o con el llamado sampler, aunque hay diferencias importantes que detallaré a continuación.

El melotrón es un instrumento musical de teclado que entra en la categoría de los electrófonos. Es electrófono porque su sonido sólo puede llegar a nosotros por medio de un amplificador y bocinas — y aunque a algunos sí los podemos escuchar sin amplificar, por lo general no se usan así ya que su volumen es muy pequeño. Los electrófonos se dividen en dos categorías: eléctricos, cuando el sonido se produce por medios tradicionales (soplando, frotando, pulsando o percutiendo) y dicha vibración es captada por un micrófono o pastilla que lo convierte en señal eléctrica; y electrónicos, cuando el origen del sonido es un oscilador controlado eléctricamente, es decir, no se requiere convertirlo en señal eléctrica porque desde un principio ya lo es.

Entonces, el melotrón es un instrumento electrónico y, por lo tanto, electrófono.

Ya se escuchó, ahora hay que verlo.

mellotron1mellotron-mk2

Se observa que consta de 35 teclas, empieza en la nota sol, luego dos octavas completas, y otro fragmento de octava, hasta una nota fa. El modelo Mark II (MkII) consta de dos teclados adyacentes, también cada uno de 35 teclas.

El siguiente punto es ¿cómo produce timbres tan diferentes? Esta pregunta me lleva a hablar de su funcionamiento. Para cada tecla del melotrón hay una cinta magnética que contiene una grabación de algún instrumento con una altura (frecuencia) correspondiente a la de la tecla. Se pulsa la tecla y la grabación, de un máximo de ocho segundos, se reproduce. Al soltar la tecla, la cinta es llevada a su punto de inicio y está lista para ser tocada nuevamente, de tal forma que si queremos tocar un acorde de gran duración tenemos que soltar y pulsar nuevamente las teclas que forman el mismo. Hay quienes creen que el final de la cinta se adhiere al principio de esta para crear un ciclo (bucle o loop), pero no es así, es una cinta que se reproduce desde el inicio con cada pulsación de la tecla.

Estas cintas magnéticas son prácticamente iguales que las que se tienen en los casetes de video (VHS o Beta) o de las casetes de audio — si tienes menos de veinte años, estimado lector, te recomiendo le preguntes a tus padres qué es un casete, y verás que estarán encantados de explicártelo —, aunque sus medidas son diferentes. Las cintas que utilizaban los melotrones constaban de tres tracks o pistas, esto significa simplemente que el ancho de la misma, de 0.95 cm., estaba dividido en tres secciones y en cada una de ellas se podía tener una grabación de un instrumento diferente. La cabeza lectora se movía de izquierda a derecha para reproducir el sonido que se le pidiera e incluso se podía colocar entre el espacio de dos tracks para poder reproducir dos sonidos de la cinta al mismo tiempo.

The Moody Blues, Génesis, King Crimson, Yes, Premiata Forneria Marconi, Flower Kings, Anglagard, entre otros, son ampliamente conocidos por el uso de este instrumento que se volvió un sello del género, y se puede decir que, si tocas rock progresivo, el interpretar alguna sección de una pieza con melotrón te hará ganar casi en automático la aprobación de los fans.

El melotrón puede considerarse como el padre del actual sampler, instrumento electrónico que también utiliza grabaciones de instrumentos acústicos pero en forma digital. La tecnología usada es diferente pero la idea es la misma.

El melotrón fue diseñado y construido a principios de los sesenta por los británicos Leslie, Frank y Norman Bradley, basados en el instrumento Chamberlin creado por el estadunidense Harry Chamberlin en 1951. ( http://120years.net/the-chamberlin-harry-chamberlin-usa-1951/ )

Para los músicos, una pregunta de suma importancia es: ¿cuánto cuesta un melotrón?

En el siguiente cuadro — realizado con información de Mark Vail (2000) y Keyboard Magazine — se pueden apreciar diferentes modelos, con sus precios originales en los Estados Unidos y número aproximado de unidades fabricadas.

Modelo y Año Precio Fabricados
Mark I, 1963 1500 a 2000 dlrs. 10
Mark II, 1964 1500 a 2000 dlrs. 650
Model 300, 1968 2500 dlrs. 160
Model 400, 1970 4000 dlrs. 1850
Mark VI, 2004 5200 dlrs. ¿?

En un giro interesante de la historia, el melotrón, que era resultado de grabaciones de otros instrumentos, terminó siendo objeto del mismo proceso al ser grabado y digitalizado por instrumentos como el Proteus Vintage Keys, el Nord Electro, y diferentes programas y bibliotecas de sonidos, que nos permiten escucharlo y tocarlo a precios mucho más accesibles.

Referencias

Vail, Mark, Vintage Synthesizers: Pioneering Designers, Groundbreaking Instruments, Collecting Tips, Mutants of Technology, Second Edition, 2000, Miller Freeman Inc., Estados Unidos.

http://120years.net/the-mellotron-chamberlinleslie-bradleyuk1963/

Lista de instrumentos incluidos en el Audio 2

  1. Mandolina
  2. Flauta de pico (más conocida como flauta dulce)
  3. Saxofón Tenor
  4. Fagot,
  5. Trombón
  6. Tres Violines
  7. Violoncello Solo
  8. Campanas tubulares
  9. Marimba
  10. Vibráfono
  11. Coro de niños
  12. Metales con Arpa
  13. Copas musicales.

Bullying en las artes: Profesores que humillan a sus alumnos

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Puedes leer el artículo a continuación o escucharlo aquí:

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Después de leer su cuento ante la clase, lo que restaba era escuchar los comentarios a su trabajo. El alumno, al igual que sus compañeros, dirigió su mirada al profesor, quien caminaba lentamente sobre el estrado moviendo la cabeza, con una caja de cerillos jugueteando entre sus dedos. El maestro señaló un par de aciertos en el texto. Pero…, a tu cuento lo que le falta es calor, remató convencido. A continuación encendió un fósforo y lo acercó a la copia del cuento que sostenía en la mano, la que se quemó con rapidez. Dicho profesor era ¡Juan Rulfo!

        Más de cincuenta alumnos escuchamos esta historia de boca de nuestro maestro de literatura. ¿Juan Rulfo? Sí. El ídolo de todos nosotros, figura indispensable de la literatura mexicana, nos era mostrado como un ser humano que…, ¡no podía ser cierto!

        No tengo manera de confirmar la veracidad de esta anécdota pero, por coincidencia, se parece mucho a otra que ya me habían contado. Un viejo conocido recibió una beca para escribir una novela y al llevar sus avances a uno de sus asesores este le comentó, “Creo que sólo requiere unos cortes”, y dicho esto comenzó a romper las hojas en pedazos. No sé el nombre de tal asesor, pero entendí que era considerado como una de las luminarias de la literatura mexicana contemporánea. De cualquier forma, es mejor que no lo recuerde porque apenas dijera su nombre, los admiradores de dicho escritor se lanzarían a atacarme y acusarme de envidioso y calumniador. Sí, no exagero. No logro entender la razón, pero ocurre que aquellos comportamientos que censuramos de inmediato en cualquier persona, los toleramos y los justificamos cuando los lleva a cabo “El maestro”, “El doctor”, “El genio”, o “El virtuoso”. Y sucede a cada instante en el campo de las artes.

        En un taller de cuento, varios compañeros compartíamos la sensación de que Edmée (2), la profesora, disfrutaba descubrir errores en nuestros textos, lo que hacía notar de manera poco amable. He escuchado la justificación de este comportamiento: “Allá, fuera del salón de clases, en el mundo real, se van a encontrar con críticos feroces que tratarán de pisotearlos por el menor error. Es mejor que se vayan acostumbrando.” No concuerdo con este razonamiento. El alumno no puede ver a su profesor como uno de esos “críticos feroces”, lo que necesita es un ambiente de confianza y respeto que le permita abrirse para aceptar los errores que se le señalan y entender las técnicas que se le indican para corregirlos. El alumno no debería percibir al profesor como un enemigo.

          Tengo en mi poder una carta enviada por un estudiante de música a la dirección de su escuela, en la que denuncia el trato que recibió por parte de Ariel, su profesor de armonía. Comparto un pequeño extracto.

Todos alguna vez sufrimos algún vituperio, que iban desde la manera sádica o, si se me permite el término, perversa, de elegir un ‘voluntario’ para pasar al pizarrón a realizar algún ejercicio, hasta, calificar de ‘rebuznos’ los ejercicios hechos por el alumno/víctima. La situación en clase era tensa y el alumno que estaba en el pizarrón se encontraba totalmente aterrado, siendo víctima tanto del maestro, como de sus compañeros que preferían hacerse cómplices pasivos de estas finas formas de tortura psicológica. (…) Me encontraba totalmente bloqueado por el miedo, y esto, aunado al pobre contenido de la cátedra, me impedía obtener el aprendizaje que yo hubiera deseado.

         Creo que para todos es evidente que un ambiente de esta naturaleza no sólo inhibe el aprendizaje sino que puede provocar la deserción de la asignatura y hasta el abandono total de la profesión (¡he sabido de tantos…!).

         Conozco muchas historias más: la de Bruno, profesor de solfeo, que a la petición de un alumno de que le revisara una lección respondió “Ve a que te la revise tu perro”; la del compositor Julio, quien es reconocido a nivel nacional e internacional, pero también célebre por burlarse en clase de sus alumnos y ponerlos en evidencia. Sé del doctor Eduardo, quien a menudo lanzaba comentarios en clase que minimizaban el trabajo de mis compañeras y de las mujeres en general. Y recuerdo muy bien lo que sentí cuando llegué entusiasmado a mi primera clase de piano con el famoso jazzista Enrique, quien me recibió con la pregunta “¿Y tú también vienes a que te resuelva la vida?”

       El “maestro” Ariel, el “virtuoso” Bruno, Julio, “el genio” y “el doctor” Eduardo continúan hasta la fecha impartiendo sus clases. Posiblemente se dieron ya cuenta de su comportamiento y lo han modificado a favor de sus alumnos. O quizás sigan con su conducta de siempre, golpeando a artistas en desarrollo, truncando carreras, al amparo de instituciones educativas que los solapan y los encubren.

         No deberíamos dejarlo pasar: hacia estos comportamientos, sean del gran profesor o del renombrado genio, sí debemos ser intolerantes.

 

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Este artículo fue publicado originalmente el 2 de junio de 2015 en el blog de «goveamusic».

(1) En este artículo se habla fundamentalmente sobre el bullying ejercido por los profesores hacia los alumnos. Sé que para muchos autores el bullying debe ser “entre pares” y limitado a un ambiente escolar pero otros tantos toman un concepto más amplio, como Brenda Mendoza (2011) y Anne-Marie Quigg (2011), quienes fueron la base e inspiración para escribir este texto. Para cualquier duda y ampliación sobre el tema les dejo las referencias:

Mendoza González, Brenda, Bullying entre pares y el escalamiento de agresión en la relación profesor-alumno, Psicología Iberoamericana, vol. 19, núm. 1, enero-junio, 2011, pp. 58-71. Universidad Iberoamericana, Ciudad de México, México.

Quigg, Anne-Marie, Bullying in the Arts : vocation, exploitation and abuse of power, 2011, Gower Publishing Limited, Inglaterra.

(2) Los nombres de los profesores que se mencionan en el texto han sido modificados para no perjudicar a los que han sido víctimas de ellos, pero los hechos descritos son verídicos.

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