Rock bajo la Lupa 6: Academizando el Rock

Rock bajo la Lupa 6: Academizando el Rock

El rock y la música académica —llamada comúnmente “clásica”— han interactuado muchas veces a través de la historia. Aquí expongo cuatro formas en las que se mezclan estas dos culturas musicales:
1. Obras para orquesta “clásica” compuestas por músicos de rock.
2. Obras para orquesta sinfónica y grupo de rock.
3. Discos con orquestaciones de piezas de rock.
4. Aplicación de conceptos clásicos en el rock.

Referencias

Macan, E. (1997). Rocking the Classics: English Progressive Rock and the Counterculture. New York: Oxford University Press.

Polkow, D. (1992). Rock Meets Classical. Musical America, 112(1), 16-21.

Stuessy, J., & Lipscomb, S. D. (2013). Rock and roll: its history and stylistic development. Boston: Pearson.

Rock bajo la Lupa 4: El secuenciador

Rock bajo la Lupa 4: El secuenciador

El uso de los secuenciadores –y su familiar, la caja de ritmos– en el rock. Conoce cómo funcionan y escucha algunos famosos ejemplos, y otros bastante desconocidos, del uso de estas herramientas musicales, en el Podcast 4 de nuestra serie «Rock bajo la Lupa».

Rock bajo la Lupa 3: Las métricas extrañas del Progresivo

Rock bajo la Lupa 3: Las métricas extrañas del Progresivo

Un gran porcentaje de la música Rock utiliza una métrica cuaternaria (esto es, compás de 4/4 o de 12/8). Sin embargo, el Rock Progresivo se ha salido de esa norma y, mucho más que cualquier otro género de música popular, ha experimentado con estas métricas inusuales, que yo denomino métricas aditivas.
Escucha varios ejemplos de estas métricas en nuestro nuevo Podcast.

Rock bajo la Lupa 2: El órgano Hammond

Rock bajo la Lupa 2: El órgano Hammond

Escucha aquí las diversas sonoridades creadas por los intérpretes de rock en el órgano Hammond y otros órganos eléctricos.

Uno de los primeros instrumentos eléctricos, el órgano diseñado por Laurens Hammond, comenzó a fabricarse en 1935. Este órgano produce el sonido por medio de una serie de discos metálicos que giran enfrente de unas bobinas electromagnéticas, creando en ellas una corriente eléctrica que al ser amplificada suena casi como una onda senoidal.

¡Dale play!

Rock bajo la Lupa: Rocanroleando a los clásicos

Rock bajo la Lupa: Rocanroleando a los clásicos

El grupo Kiss citando una melodía de Beethoven, los Rolling Stones abriendo sus conciertos con una obra de Aaron Copland y Elvis Presley cantando «O Sole Mio», son sólo algunos ejemplos de la influencia de la música de arte europea en el rock. En este capítulo de «Rock bajo la Lupa» muestro cuatro formas de rocanrolear a los clásicos.

Los Críticos del Rock Progresivo

Los Críticos del Rock Progresivo

Artículo publicado originalmente en octubre de 2011 en la página de http://www.facebook.com/GoveaProgressiveJazz

Ningún otro género de la música popular ha sido tan satanizado como el rock progresivo. Gran parte de la prensa musical, e incluso algunos musicólogos, lo han acusado de ser pretencioso, apolítico, elitista, y demás adjetivos peyorativos. Un análisis de esta actitud de los críticos de rock hacia esta música podría llenar un grueso tomo.

Hace algunos meses escuché una conferencia sobre historia del rock impartida por un conocido crítico mexicano de dicho género. De entre varios comentarios que hizo, evidenciando su desagrado hacia el rock progresivo, tomaré solo uno para analizarlo en detalle. Dicho comentario es el siguiente: “Los músicos de rock progresivo eran personas que aspiraban a ser músicos clásicos”. Aclaremos que cuando este crítico habla de un músico clásico se refiere a un músico de conservatorio.

Ante esa afirmación, lo primero que podríamos contestar es: si algún músico de rock quiere volverse clásico, ¿cuál es el problema?, ¿acaso no tiene la libertad de hacer musicalmente lo que se le antoje? No obstante, esta supuesta aspiración a ser clásico es una actitud que este crítico hace ver como despreciable; su visión es que la música clásica (o académica) es completamente opuesta y ajena a la música rock, que es considerada como música de extracción popular. Insinúa además que un músico que olvida sus raíces populares en busca de una música que, supuestamente, se identifica con las clases altas, traiciona la esencia de lo que es el rock.

Esta es la idea de la “acreditación cultural”, según la cual las obras de rock progresivo “podrían elevar el estatus de sus compositores e intérpretes – y por implicación, de la música pop en general – a un nivel comparable con el de la música clásica europea del pasado, y de este modo llevarlos a la aceptación dentro de los círculos del establishment musical”.(1) Para estos críticos, la creatividad y el eclecticismo del rock progresivo es solo una búsqueda de estatus, un intento por agradar a la gente que aprecia y cultiva la «música de arte». Hay varios problemas con esta idea.

Primeramente: si alguien quisiera elevar su estatus dentro del círculo de la música de concierto –cuyo público, por lo general, es completamente ajeno a muchas músicas de corte popular– lo menos adecuado sería formar un grupo de rock. En segundo lugar, esta idea ignora completamente la historia real de muchos músicos de rock progresivo. Keith Emerson, tecladista y compositor de Emerson, Lake and Palmer, tuvo una breve formación clásica con varias profesoras de piano, para tiempo después  acercarse al jazz, al blues y al rock. Rick Wakeman, tecladista de Yes, terminó la licenciatura en piano clásico y se convirtió en músico de estudio, llegando a aportar sus teclados en dos discos de David Bowie. El tecladista de Gentle Giant, Kerry Minnear, presenta un caso similar, termina su licenciatura en composición y se adentra tiempo después en el rock. Chris Squire, bajista de Yes, formó parte, siendo niño, de uno de los mejores conjuntos corales de Inglaterra, y, al igual de todos los mencionados anteriormente, escogió el rock como el mejor medio para expresarse musicalmente. Si es despreciable dejar el rock para irse a lo clásico, según esta teoría, sería admirable moverse de lo clásico al rock.

Nuestro amigo crítico declara después que “lo malo” de Rick Wakeman era que “se había quedado a mitad del camino entre ser un músico de rock y un músico clásico”. Esto es una falsa dicotomía: según él eres músico clásico o eres músico de rock, no tienes mas que dos opciones, cualquier fusión de elementos de las dos músicas es inaceptable.

Del análisis del discurso de este y otros críticos, puede deducirse que su molestia viene de la convergencia de la –para ellos– música de las altas clases sociales (clásica) con la música de la –también, según ellos– clase trabajadora (rock) en un género como el rock progresivo. Dicha molestia se basa en falsos supuestos, ya que los conocimientos de música clásica de gran parte de la clase dirigente, o poderosa económicamente, son mínimos; y por el contrario, la gente de la clase trabajadora puede disfrutar enormemente un concierto de un cuarteto de cuerdas o de una orquesta sinfónica.

[1] Hatch and Millward From Blues to Rock, An analytical History of Pop Music, 1987, p.148, Manchester University Press .

Reseña de «1973: The Golden Year of Progressive Rock» de Geoffrey Feakes

Reseña de «1973: The Golden Year of Progressive Rock» de Geoffrey Feakes

En esta ocasión presentaré una breve reseña del libro “1973: The Golden Year of Progressive Rock” de Geoffrey Feakes publicado por Sonicbond Publishing en Mayo de 2022. Geoffrey Feakes es un escritor y periodista musical británico; ha publicado libros sobre The Moody Blues, The Who y Steve Hackett y escribe desde 2005 en la Dutch Progressive Rock Page.

            En el prólogo de menos de dos páginas, se hace una rápida revisión del cine, la televisión, radio, deportes, la música popular y los acontecimientos políticos y sociales del Reino Unido ocurridos en 1973; lo que nos sitúa en el contexto de una época donde la música hoy llamada rock progresivo fue, según el autor, “Ese raro caso en el que una credibilidad artística sin precedentes fue de la mano del éxito comercial, logrado con poca exposición en la radio o la televisión” (Feakes, 2022, p. 8).

            ¿Por qué dice Geoffrey Feakes que este fue el año dorado del progresivo? Esto lo explica en su introducción.

  1. Muchas de las bandas formadas a finales de los 60 se encuentran en su apogeo.
  2. Hay debuts impresionantes, entre los que cita a Camel y Greenslade.
  3. Los seis grandes del progresivo británico lanzaron importantes álbumes: Emerson, Lake and Palmer, Brain Salad Surgery; Genesis, Selling England by the Pound; Jethro Tull, A Passion Play; King Crimson, Larks’ Tongues in Aspic; Pink Floyd, The Dark Side of the Moon; y Yes, Tales from Topographic Oceans.
  4. Si lo anterior no bastara, durante la temporada navideña de 1973, los álbumes ya mencionados de Yes y de Emerson, Lake and Palmer fueron los discos más vendidos en el Reino Unido, alcanzando, respectivamente, el número 1 y el 2.

            En las 30 páginas que siguen, se detalla lo que hace especial a este año, con breves secciones que abarcan los siguientes temas: el prog sinfónico, la escena Canterbury, el Krautrock, la fusión, el prog folk, el art rock, el space rock, el hard rock, el progresivo en otros países europeos, la parte visual de las presentaciones en vivo y los álbumes derivados de las mismas, la recepción de la crítica y las ilustraciones de los LPs. También dedica pequeños capítulos a los discos Tubullar Bells de Mike Oldfield y The Dark Side of the Moon de Pink Floyd.

            La segunda parte del libro es la más extensa –abarca casi cien páginas de un total de 160– y está dedicada a reseñar veinte álbumes clave del 73. Para cada disco sigue un formato donde anota los datos de los intérpretes, la grabación y la producción, fecha de lanzamiento y lugar alcanzado en los charts; después habla sobre los orígenes de la banda y su desarrollo hasta esa fecha; por último, comenta cada una de las pistas del álbum. Feakes enfatiza que no pretende listar “lo mejor del 73”, ni sus veinte álbumes favoritos del año sino que intenta ofrecer una amplia muestra de la diversidad de los lanzamientos, no sólo de los grupos considerados como rock progresivo, sino también de los que presentan conexiones con este género.

            Aparte de los álbumes ya mencionados de Emerson, Lake and Palmer, Genesis, Jethro Tull,  King Crimson y Yes, en este listado se encuentran:

Mahavishnu Orchestra – Birds of Fire
Rick Wakeman – The Six Wives of Henry VIII
Greenslade – Greenslade
Gong – Flying Teapot
Le Orme – Felona E Sorona
Can – Future Days
Kayak – See See the Sun
Gentle Giant – In A Glass House
Premiata Forneria Marconi – Photos of Ghosts
Renaissance – Ashes Are Burning
Caravan – For Girls Who Grow Plump in the Night
Nektar – Remember the Future
Manfred Mann’s Earth Band – Solar Fire
Electric Light Orchestra – On the Third Day
Magma – Mekanik Destruktiw Kommandoh

            La información presentada para cada álbum es valiosa y bien organizada, pero las descripciones de cada una de las pistas no me parecen –en lo general– que aporten demasiado, pongo como ejemplo la siguiente narración que hace del inicio de Larks’ Tongues in Aspic de King Crimson:

El álbum y la primera parte del tema del mismo título se abren con el suave sonido de la percusión afinada, ondulando como un suave arroyo en un día de verano. Sin embargo, es la calma que precede a la tormenta. Una guitarra distorsionada y un violín insistente entran en escena alrededor de los tres minutos antes de que toda la banda irrumpa en acción –y lo haga decididamente–. A los cinco minutos, nuestros oídos se ven asaltados por una secuencia desarticulada y muy compleja con inquietos acordes de guitarra apoyados por una percusión sobrenatural.

(Feakes, 2022, p. 59)

            Esta descripción, para mí, no dice nada que el oyente no pueda percibir por sí mismo o que permita a este mejorar la comprensión de la música escuchada. De cualquier forma, este tipo de narración es representativa de las reseñas de álbumes que se encuentran abundantemente en publicaciones musicales y en sitios de internet. A pesar de lo dicho, creo que esta segunda parte del libro puede funcionar muy bien como referencia y medio de consulta.

            Un hecho que me parece importante de este libro, es que el autor conoció esta música en la misma época en que surgió y vivió el desarrollo de esta yendo a conciertos y comprando y escuchando los álbumes en los mismos años 70, lo que le da una visión diferente de lo que nos puede relatar un autor joven que apenas descubríó a estas bandas o alguien mayor pero que fue completamente extraño a ese entorno. Dice Feakes:

Estaba al final de la adolescencia, disfrutando de una vibrante escena musical en compañía de amigos con intereses similares. A lo largo del año, compré 80 álbumes y tuve la suerte de ver a muchos grupos en directo. El precio medio de las entradas en el Reino Unido era de 1 libra, lo que, teniendo en cuenta la inflación, equivale a unas 10 libras hoy en día. Comparen esto con la gira de Genesis 2021-2022 The Last Domino?, donde las entradas comenzaban alrededor de las 150 libras y de ahí iban para arriba. Los álbumes de vinilo costaban entre 2 y 3 libras.

(p. 7-8)

            Siendo testigo directo de ese movimiento musical, el autor aporta importantes observaciones, como la siguiente:

Si bien «rock progresivo» no es, por lo que recuerdo, un término que yo o mis amigos utilizáramos habitualmente a principios de los años setenta, lo cierto es que se utilizaba a principios de la década, como demuestra el Bath Festival of Blues & Progressive Music celebrado en junio de 1970. Sin embargo, había una tendencia a utilizarlo como un término genérico para las bandas y los músicos que tocaban una variedad de rock, ya fuera heavy, folk, blues o sinfónico. El semanario musical británico Melody Maker, por su parte, seguía aplicando regularmente el término «pop» en 1970 a una gran variedad de actos, independientemente de los estilos.

(p. 11)

            Esto que comenta Feakes, es un punto interesante a investigar –y muy probablemente lo haremos más adelante–, ya que suele olvidarse que los términos cambian con el tiempo –e incluso, con la geografía–, y alguien que hablara de “rock progresivo” o “pop” en los 70, se refiere a algo diferente y mucho más amplio de lo que se consideró décadas después y, por supuesto, de lo que se entiende en la actualidad.

            También hay varias declaraciones en este libro que contrastan plenamente con la narrativa de la prensa musical dominante.

            Dice Feakes: «A lo largo de los años, los libros sobre el tema han presentado a menudo al prog rock como elitista, normalmente preferido sólo por varones provenientes de la clase alta. Evidentemente, estos escritores no formaban parte del público en 1973» (p. 33).

            Y páginas más adelante, dice que: «Para que conste, aunque la gira de Topographic Oceans ha sido muy desacreditada, mis amigos y yo vimos el álbum interpretado en su totalidad en cuatro ocasiones distintas en 1973 y nos encantó cada minuto de cada concierto» (p. 39). 

            Tengo que admitir que la primera parte de este libro fue la que me pareció más interesante, aunque sé que no me hará ningún mal profundizar en el resto del mismo y revisarlo con atención: sé que encontraré datos importantes y puede que algunas sorpresas.

            Si esta reseña logró hacer surgir la curiosidad en algún lector, puede encontrar con facilidad este ejemplar en varias librerías en línea –con un precio de alrededor de 20 dólares estadunidenses–, y así irse preparando para el año 2023, cuando todos estos álbumes cumplan sus 50 de haber salido a la luz.

Título: 1973: The Golden Year of Progressive Rock

Autor: Geoffrey Feakes

Editorial ‏ : ‎ Sonicbond Publishing (7 Mayo 2022)

Idioma ‏ : ‎ Inglés Tapa blanda ‏ : ‎ 160 páginas

ISBN-10 ‏ : ‎ 1789521653

ISBN-13 ‏ : ‎ 978-1789521658

El rock progresivo de Queen (1a. parte)

El rock progresivo de Queen (1a. parte)

Para muchos escuchas habituales de rock progresivo es más que evidente la cercanía de este género con la música del grupo Queen, percepción que es confirmada por numerosos periodistas de rock y estudiosos de la música, como se muestra a continuación:

  1. Es frecuente que a Queen se le nombre dentro del mismo grupo, junto a indudables exponentes del rock progresivo: “Las bandas de art-rock más notables incluyen grupos como King Crimson, Pink Floyd (1966), Genesis (1967), Yes (1968), Queen (1972), Nice, Jethro Tull y Emerson, Lake and Palmer”. (1)
  2. Aunque la etiqueta de “progresivo” no se pueda aplicar a una gran parte de la obra de Queen, hay ciertas piezas que fácilmente se podrían insertar en ese género: “El rock progresivo tuvo un asombroso éxito con el sencillo teóricamente largo (casi 6 minutos) ‘Bohemian Rhapsody’ que llevaba muchos de los sellos distintivos del género ‘prog’ como se describe en este capítulo”. (2)
  3. En la siguiente cita, el desprecio de un crítico hacia el progresivo –muy común en la prensa de rock– es automáticamente trasladado a Queen: «La omnipotencia de «Bohemian Rhapsody» lo hizo oficial: el prog rock seguía siendo el opio de las masas. . . . El disco de Queen hizo desfilar sin vergüenza todo lo que había combatido como comentarista de rock». (3)
  4. En un análisis de «Bohemian Rhapsody» se lee: “Empiezo con la letra, sin embargo, que —como gran parte del rock progresivo británico que busca expandirse más allá de las limitaciones del single de tres minutos— sugiere pero no sostiene una narrativa”. (4)
  5. Por último, las palabras de John Covach:

La mezcla de rock y opereta de Queen fue sólo otro ejemplo de la fusión de estilos de rock y música clásica que fue liderada por los Beatles. Bandas de rock progresivo como Emerson, Lake & Palmer, Genesis y Yes hicieron del uso de pasajes de sonido clásico parte de sus estilos característicos, al igual que grupos más orientados al pop como la Electric Light Orchestra y The Moody Blues. (5)

En esta última cita se puede observar el aspecto que se menciona más a menudo como el vínculo entre Queen y los grupos progresivos: el uso de elementos de la música “clásica” –esto es, música de conservatorio o académica– dentro del rock.

Esta adopción de elementos académicos dentro del rock es enérgicamente censurada por la prensa musical, que lo interpreta como una pretensión de querer pertenecer a una alta clase social que –supuestamente– acoge este tipo de música; sin embargo, a los críticos se les olvida que este conocimiento –aunque sea limitado y superficial– y gusto de los rockeros por las obras clásicas puede deberse simplemente a una temprana exposición a esta música a través de la radio, del cine, y hasta por la formación religiosa recibida –medios por los cuales la música clásica ha llegado a un amplio número de gente de muy diversas clases sociales y niveles económicos.

Apoyando la idea de esta exposición musical temprana, Brian May afirma que «Hay mucho más música clásica en nosotros que en la mayoría de las bandas, estoy seguro, y creo que en gran parte fue por lo que escuchábamos de niños». (6) Y aunque Freddie Mercury hace notar ciertas diferencias en gustos musicales con sus compañeros de grupo cuando dice «A mí me gusta ir al ballet y a la ópera y cosas así, a ellos no les gusta todo eso. Sólo siguen yendo a shows de rock and roll.» (7), Brian May matiza al respecto:

Freddie estaba en áreas muy diferentes, particularmente en lo de la ópera. Por extraño que parezca, todos [Queen] tenemos un poco de eso en nosotros, porque estaba a nuestro alrededor cuando crecimos. Es parte de nuestra educación inglesa; absorbimos mucha música clásica subliminalmente de nuestros padres. (8)

En efecto, así como Mercury afirma sin reservas que en su balada “Love Of My Life” sus influencias clásicas entraron en juego (9), May muestra cierto conocimiento de los conceptos de canon, fuga y contrapunto –propios de la música académica– cuando menciona su fascinación por los delays y su uso en “The Prophet Song”. (10)

Llegando a este punto, se hace necesario ejemplificar musicalmente algunos momentos o piezas donde Queen exhiba dicha influencia clásica, para lo que utilizaré el artículo de Nick Braae, “Queen´s classical music references 1973-76”, en el que profundiza al respecto –y cuya lectura recomiendo ampliamente.

Entre los elementos que Braee descubre en Queen como aproximaciones al sonido del repertorio clásico europeo, menciona una progresión armónica en la sección del puente de la pieza “Teo Torriatte”, el uso que da Roger Taylor al tom de piso, acentuando ciertas figuras rítmicas como lo haría el timbal de una orquesta –que puede escucharse en la sección de ópera de «Bohemian Rhapsody» y en otros momentos de las piezas “The March of the Black Queen”, “The Millonaire Waltz” y “In the Lap of the Gods”– y la incorporación de trinos en las melodías tocadas por la guitarra y el piano. Este último elemento es el que ilustraré a continuación.

Un trino es la sucesión más o menos rápida de dos notas que están a una distancia de tono o semitono y que se utiliza como una forma de adornar o darle variedad a una melodía. En una partitura suele indicarse con las letras “tr” y una línea ondulada, como puede observarse en este ejemplo de la Sonata en Do mayor para piano, K. 545, de W. A. Mozart.

Compas4

En el pentagrama superior de esta imagen se observa la indicación de cómo se debe ejecutar el trino: ahí se ve la rápida alternancia de las notas Si y La, con un pequeño cambio hasta al final –a manera de remate– con las notas Sol y La.

Ahora escuchémoslo:

 

Este ornamento musical se puede observar en diferentes piezas de Queen:

En “The March of the Black Queen” en los minutos 4:00 a 4:10 primero en piano y luego en la guitarra; y de 5:46 a 6:06 en dos ocasiones con la guitarra.


En “Love Of My Life” ocurre en 00:13 y en 1:45.


Al final de “The Millonaire Waltz”.

Aunque el uso del trino es una directa referencia a la tradición clásica europea, Braae nos muestra tres piezas donde Queen hace una clara imitación de los estilos y compositores de la música académica, ejemplos de los que se hablará en la segunda parte de este artículo.

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Notas

  1. Kajanová, 2014, pág. 63.
  2. Eisentraut, 2013, págs. 111 y 112.
  3. Kent, 2011, pág. 249.
  4. Nicholas Cook en Almén y Pearsall, 2006, pág. 125.
  5. John Covach en Moore, 2008, pág. 176.
  6. Nick Braae en Gonin y otros, 2016, pág. 119
  7. Thomas, 2012, min 24:00
  8. May, 1993, pág. 43
  9. The History of Rock 1975 –May 2016, p. 51
  10. Shland y Kempin, 2006, material extra.

 

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Referencias

Almén, B., & Pearsall, E. (2006). Approaches to meaning in music. Bloomington, IN: Indiana University Press.

Eisentraut, J. (2013). The accessibility of music: Participation, reception and contact. Cambridge: Cambridge University Press.

Gonin, P., Atton, C., Hill, S., Moore, A. F., & Williams, J. A. (2016). Prog rock in Europe: Overview of a persistent musical style. Dijon: Éditions universitaires de Dijon.

Kajanova, Y. (2014). On the History of Rock Music. Peter Lang Publishing Group.

Kent, N. (2011). Apathy for the devil: A seventies memoir. London: Faber.

May, B. 1993. Guitar World, January.

Moore, A. F. (2008). Analyzing popular music. Cambridge: Cambridge University Press.

Shland, T., Kempin, G. The Making Of ‘A Night At The Opera’.

Thomas R., Freddie Mercury: The Great Pretender.

The History of Rock 1975 -May 2016.

La autobiografía de Greg Lake

La autobiografía de Greg Lake

Lucky Man: The Autobiography
Greg Lake
Constable (2017), London
Páginas: 295

“Ninguno de nosotros en esta tierra tiene el control total de su propio destino y, en muchos aspectos, todos estamos obligados a jugar con las cartas que nos han dado.” (1)
Greg Lake

Greg Lake prologa su libro relatando su experiencia de tocar –como parte del grupo Emerson, Lake and Palmer (ELP)– en el Madison Square Garden de Nueva York, lugar con capacidad de 22,000 personas. En ese tiempo –diciembre de 1973–, ELP se encuentra en uno de sus puntos más altos de creatividad, de nivel interpretativo y hasta de camaradería entre sus integrantes. La exposición que hace del trabajo de producción –de instrumentos utilizados, equipo de audio, visuales, y de recursos humanos– más sus expresiones de lo que significó ese momento para él, me transportó muy pronto a esa época dorada de la música británica, cuando las compañías discográficas permitían a los grupos experimentar y dejaban las decisiones musicales a los propios músicos.

Después, como si fuese una película, Lake realiza un flashback hasta la etapa de su infancia en el seno de una familia humilde “en la pequeña ciudad portuaria de Poole en Dorset, en la costa sur de Inglaterra”, y empezamos así a conocer la música que escuchaba y los autores que lo marcarían, sus primeras lecciones de guitarra con Don Strike –también profesor de Andy Summers, del grupo Police y de Robert Fripp, de King Crimson– y su deambular por diferentes agrupaciones: desde su primera banda que tocaba en fiestas éxitos pop del momento hasta su participación en Unit 4, The Time Checks, The Shame y The Gods.

Supongo que, si son como yo, varios de los admiradores de Lake leyeron con celeridad para llegar pronto a los capítulos sobre King Crimson y ELP. En este punto tenemos una descripción muy detallada de sus conciertos –cuándo y dónde se realizaron, con quienes compartieron escenario, a quién conocieron–, de sus giras y de sus grabaciones –datos que se pueden encontrar en biografías de los grupos y diversos sitios de internet– pero, para decepción de muchos lectores, Greg Lake dice muy poco sobre su interacción con sus compañeros músicos. Esto es, gran parte de la información que brinda la pudo haber dado alguien del equipo técnico o el manager del grupo, pero del creador e intérprete de esta música uno esperaría aspectos más significativos –tal vez por eso, es que varias reseñas señalan que este libro es superficial.

Por ejemplo, al hablar de Robert Fripp, a quien nombra varias veces como su amigo –juntos estudiaban las lecciones que les dejaba su profesor de guitarra, y juntos rentaban un departamento– Lake suele ser bastante impersonal, o demasiado seco. Esto puede contrastarse con la amplia descripción que hace de Dee Anthony, manager de King Crimson y ELP en Estados Unidos, y la narración de las “aventuras” que vivió con él y las enseñanzas que le transmitió: aquí se notará entusiasmo y calidez –características que no se percibirán cuando hable de Keith Emerson, y menos de Carl Palmer, a quien parece que sólo menciona cuando es inevitable.

Aunque Lake puede ser impersonal en su narración –afortunadamente, no siempre es así– y muy hermético en ciertos aspectos –como en lo referente a su vida privada o para aclararnos por qué no siguió el proyecto con Cozy Powell–, hay que aplaudirle que sea muy respetuoso y diplomático, que no hable mal de nadie, y que no use su libro para chismear o para golpear a alguien. Por otro lado, cuando necesita ser enfático, lo es, como en los citas que presentaré a continuación.

Casi desde sus inicios, ELP fue atacado fuertemente por los críticos de rock y tildado de pretencioso por utilizar en sus composiciones elementos de la música clásica europea. Esta misma crítica se sigue dando hasta el día de hoy: recuerdo a un conocidísimo crítico mexicano que en una conferencia decía que “lo malo” de los que hacían rock progresivo era que “querían ser músicos clásicos”. A este periodista mexicano Lake le podría haber respondido lo siguiente:

“En ningún momento hemos afirmado ser músicos clásicos o incluso músicos con formación clásica, solo éramos músicos británicos de rock and roll que extraían una gran parte de su influencia de las raíces europeas en lugar de las estadounidenses. Para nosotros, parecía importante en ese momento intentar despegarse del mismo viejo y probado camino que otros tantos artistas británicos de rock habían seguido en el pasado utilizando el blues americano, el rock and roll y la música gospel como su única fuente de inspiración.” (2)

Sobre las críticas a Trilogy, su tercer disco de estudio, Lake afirma:

“A menudo me sorprendió la intensidad del odio que algunos críticos sentían por este disco. Para ellos, Trilogy era pretencioso y pomposo. Y no era bastante con simplemente rechazar a la banda o que encontraran el disco aburrido. Ellos se empeñaron en escribir páginas donde despotricaban furiosamente. ELP parecía tener una habilidad especial cuando se trataba de enfurecer a los críticos de música hasta un punto donde perdieran el autocontrol.” (3)

Y aquí nos habla del término “rock progresivo” y sobre los objetivos musicales que perseguían en ELP:

“Nuestro estilo de música es, por supuesto, conocido como ‘progresivo’, pero este no era un término que utilizáramos en esa época. Al igual que en King Crimson, sólo nos veíamos como una banda innovadora que iba a liberarse de las convenciones de la industria. La experimentación que habíamos hecho en nuestras anteriores bandas sería llevada a un nuevo nivel. Ciertamente, no íbamos a ser una banda de singles.” (4)

Sirvan estas citas, como un ejemplo de pasajes que pueden aportar bastante a la comprensión del grupo ELP y de la personalidad de Greg Lake.

Para terminar, diré que encontré muy disfrutable esta lectura: me emocioné con los éxitos de Lake, me preocupé con sus infortunios y me entristecí –al llegar al final de esta obra– con el tema del suicidio de Keith Emerson y de la enfermedad terminal del mismo autor, momentos que fueron de los más conmovedores del libro. Tengo mis dudas de que algún lector que desconozca su música pueda gozar de este volumen tanto como yo lo hice, pero es indudable que todo fan de ELP y de King Crimson debería de conocerlo: seguramente que le aportará para un mayor entendimiento de esta música.

lake portada


Notas

  1. Lake, 2017, pág. 279.
  2. Lake, 2017, págs. 77 y 78.
  3. Lake, 2017, págs. 126 y 127.
  4. Lake, 2017, pág. 81.

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