‘Yo sólo quiero pegar en la radio’: reseña del libro “Creadores de éxitos”

‘Yo sólo quiero pegar en la radio’: reseña del libro “Creadores de éxitos”

Hit Makers: The Science of Popularity in an Age of Distraction
(Creadores de éxitos: la ciencia de la popularidad en una era de distracción)
Derek Thompson
Penguin Press (2017), New York
Páginas: 352

En un principio creí que se trataba de uno de esos libros que le dicen al artista cómo manejar su imagen, cómo sacarse fotografías, y cómo manejar sus redes sociales para lograr el éxito. Eso fue lo que pensé al ver el título del libro y lo que me llevó a hojear su índice y algunos capítulos. Afortunadamente, me encontré con algo mucho mejor: un libro que trata de explicar el porqué de los grandes fenómenos mediáticos, lo que hace que la gente se vuelque hacia algún producto, libro, película o canción, y cuáles son los aspectos psicológicos en juego en cada caso. No es un trabajo fácil explicar esto. Por ejemplo: juntar una serie de canciones exitosas, describirlas, y averiguar qué tienen en común para lanzar hipótesis de los factores que producen su éxito, es un asunto complicado porque la mayoría de estos hits son excepciones, son productos no característicos, atípicos dentro de su área.

Derek Thompson comienza cada capítulo con la historia de algún producto de gran éxito dentro del arte o los medios de comunicación. Estas historias, en ocasiones muy extensas y detalladas, sirven de base para la explicación de algún concepto teórico o principio psicológico que puede haber sido fundamental para la popularización de dicho producto.

A través de gran cantidad de casos que se discuten en el libro, el autor nos conduce de la música –ejemplificando con Johannes Brahms y su canción de cuna–, al cine –con George Lukas y la creación de la Guerra de las Galaxias–, a la literatura –con el “hitazo” Fifty Shades of Grey–, al arte pictórico, las series televisivas, los programas para computadora y hasta al ámbito de la política.

Hay muchas creencias populares y prejuicios que el autor rebate en este libro. La idea de que un producto es famoso porque es bueno, es puesta a revisión con la historia del popular pintor Claude Monet y su desconocido compañero Gustave Caillebotte. Partiendo de este relato, Thompson pasa a explicar lo que él llama “El poder de exposición”, esto es, la visibilidad de un producto en todos los medios posibles, que hace que el público tenga familiaridad con este, familiaridad que conducirá a que la gente guste de ese producto: “A menudo las cosas más populares no son las que cualquiera consideraría ‘las mejores’. Son las más populares en todas partes, simplemente porque están en todas partes” (p. 8).

En la historia de los pintores impresionistas –de la cual hablé extensamente en un artículo anterior de este blog (Cómo se hace popular una obra artística)– la casualidad juega un papel muy importante, así como en el caso del cantante Bill Haley, narrado en el capítulo 7 “Rock and roll y el azar”. Es muy interesante el ejemplo de la canción “Rock around the clock”, grabada por Bill Haley y sus Cometas, ya que la industria discográfica la había considerado un fracaso a mediados de 1954; sin embargo, menos de un año después, la misma música, la misma letra e intérpretes, la misma grabación logra un éxito apabullante al aparecer al inicio de la película Blackboard jungle –titulada en español como Semilla de maldad. El producto no cambió pero sí cambiaron las circunstancias, el contexto, y por casualidades de la vida llega a convertirse en el emblema del rock and roll: “‘Rock around the clock’ es una historia de gran factura compositiva, del poder de difusión de una película, y del crisol de la cultura adolescente de 1950. Pero también es una historia de suerte abrumadora”(p, 177).

Muchas ideas más son cuestionadas en este libro, lo que tal vez causará incomodidad entre los escritores y periodistas de cultura:

“Cuando los periodistas ven productos triunfar, siempre quieren explicar la inevitabilidad del éxito”, dice Watts [Duncan Watts, entrevistado por el autor]. “Se preguntan: ‘¿Cuáles fueron las características de este producto exitoso?’ Y luego deciden que todas estas características deben ser muy especiales. O tratan de encontrar al paciente cero, la persona que inició la tendencia, porque deciden que debe ser muy especial “. Este tipo de pensamiento crea un inútil evangelio del éxito, dice Watts. Si una película de dinosaurios tiene éxito en mayo, se escriben miles de artículos para afirmar que hay algo especial sobre el atractivo de los dinosaurios (incluso si una película de dinosaurios acaba de fallar en enero). Si un músico de Belice la hace en grande en 2016, algunos escritores decidirán que debe haber algo intrínsecamente atractivo sobre la música de Belice (aunque sea el único hit beliceño del siglo). (p. 171)

Para terminar, la estructura de este libro me recuerda la de los libros de divulgacion científica: narra una historia y luego explica algún concepto que se extrae de la misma. Pero no me parece que su objetivo sea divulgar la ciencia, sino responder a la misma pregunta que muchos nos hacemos “¿Por qué ciertas ideas y productos se vuelven populares?”; y para responderla no hace uso de lugares comunes, de rumores, o creencias nunca verificadas –para eso no necesitaríamos un libro, bastaría con dar un vistazo por las redes sociales. Derek Thompson tiene muy claro cómo quiere llevar a cabo su tarea: “En lugar de encontrar atajos que simplifiquen excesivamente las razones por las que algunos productos culturales tienen éxito, mi objetivo es contar una historia compleja de una manera sencilla” (p. 15).

Thompson, Derek. Hit makers: the science of popularity in an age of distraction. New York: Penguin Press, 2017.

Actualización 10 de julio de 2018

Acabo de descubrir que ya está en su versión en español gracias a la editorial  Océano. ¡Recomendadísimo!

Creadores de Hits

 

Cómo se hace popular una obra artística

Cómo se hace popular una obra artística

Te invito a observar la siguiente imagen.

Claude_Monet,_Impression,_soleil_levant

¿La conocías? Es muy probable que sí. Hasta yo la reconocí. En cuanto la vi, recordé que mi libro de música para piano de Claude Debussy tenía esa portada, pero hasta ahora supe el nombre de dicho cuadro: Impresión, sol naciente de Claude Monet. Muy famoso ¿verdad? Ahora te compartiré un cuadro de otro pintor impresionista: Caillebotte. Sí, Gustave Caillebotte. Como que no nos suena mucho, ¿verdad?

En un libro de pintura impresionista que encontré en mi biblioteca, me dediqué a hacer una exhaustiva revisión y de las pinturas mostradas no apareció ninguna de Caillebotte. A lo mejor mi libro es muy chafa –¿será porque lo compré en un supermercado?–, pero se me ocurre que sería interesante revisar una muestra grande de libros de arte para saber cuáles son los impresionistas más citados. Afortunadamente, alguien ya lo hizo.

James Cutting, un psicólogo de la Universidad de Cornell, contó más de quince mil ilustraciones de pinturas impresionistas que aparecían en cientos de libros de la biblioteca de la universidad. Él concluyó “inequívocamente” que había siete (“y solamente siete”) pintores impresionistas esenciales, cuyos nombres y trabajos aparecen mucho más a menudo que los de sus semejantes. Este núcleo consistía en Monet, Renoir, Degas, Cezanne, Manet, Pissarro y Sisley. (Thompson, 2017, p. 23)

Vemos que Caillebotte no aparece en este grupo de siete, no está representado en los libros y no es el pintor que vendría a la mente si nos pidieran “Nombra un pintor impresionista”. Tal vez no conocemos a Caillebotte porque no debía de ser muy bueno. Si fuera muy buen pintor debería ser muy conocido, muy famoso, ¿no es así?

Bueno, dije que te iba a mostrar una obra de él y no lo he hecho. Aquí está.

616px-G._Caillebotte_-_ Young Man at His Window
Joven hombre en su ventana (1875)

Y un cuadro más.

Cailebotte_-Yellow Roses in a Vase, 1882, Dallas Museum of ArtRosas amarillas en un florero (1882)

No me parece que falte calidad en su obra. Pero no me hagas caso, yo no soy ningún crítico de arte y mi conocimiento de pintura es el mismo que mi comprensión de la mecánica cuántica, o sea, nulo.

Más significativo es que Caillebotte fuera muy apreciado por sus contemporáneos –que lo consideraban un fenómeno al nivel de Monet y Renoir– y por un escritor como Émile Zola: “el gran escritor francés que llamó la atención sobre las ‘delicadas manchas de color’ del impresionismo, calificó a Caillebotte como ‘uno de los más audaces del grupo’. ” (p. 20).

Aquí tenemos un caso que no se ajusta a nuestras preconcepciones que nos dicen que una pintura –o canción, o libro, o película– es muy conocida porque tiene características intrínsecas de manufactura, de calidad, que inevitablemente lo proyectan mucho más alto que a los demás. Como afirma Derek Thompson: “Los críticos y la audiencia prefieren pensar que los mercados son perfectamente meritocráticos y que los productos e ideas más populares son evidentemente los mejores” (p. 37). Pero parece ser que fama y calidad, popularidad y excelencia, no siempre van de la mano, que hay factores externos, ajenos a una obra, que influyen, y pueden ser indispensables, para convertirla en un hit.

Uso la palabra inglesa “hit” porque toda esta historia que te cuento es tomada del libro Hit Makers de Derek Thompson, libro aparecido a principios del 2017 y cuyo título completo lo traduciría como Creadores de éxitos: la ciencia de la popularidad en una era de distracción. Mi intención original era hacer una reseña del libro pero me ha gustado tanto que sin quererlo me desvié y terminé platicando esta historia que aparece en el primer capítulo del libro: “El poder de exposición: fama y familiaridad en el arte, la música y la política”. Por cierto, todas las citas que hago en este artículo son de este libro.

Pero regresemos a la narración principal. Tenemos dos pintores impresionistas, ambos de similares méritos artísticos, pero uno de ellos es de los más famosos en la historia, y el segundo, prácticamente desconocido. ¿Qué explicación podemos encontrar?

Caillebotte tenía una posición económica privilegiada que le permitía dedicarse a pintar, y no tenía necesidad de mantenerse a través de la venta de sus obras, así que nunca se esforzó en hacerlo; y si no vendía sus obras no había distribución de las mismas. Por otro lado, su riqueza la usaba para coleccionar obras pictóricas, sobre todo las de sus amigos pintores, como Monet y Degas, a quienes les compraba docenas de pinturas en una época en que pocos se interesaban en hacerlo. Caillebotte compraba especialmente las obras menos populares de sus compañeros pintores, todas aquellas que parecían invendibles; así lo hizo, por ejemplo, con el Bal du Moulin de la Galette de Renoir que hoy es considerada una obra maestra. De esta forma, Caillebotte amasó una gran colección de arte impresionista que a su muerte, en 1894, a la edad de 45 años, fue heredada al gobierno de Francia estipulando que se resguardaran en el Museo de Luxemburgo, en París. Lo inconcebible es que su colección no fue aceptada:

La élite francesa, incluyendo a los críticos conservadores e incluso políticos prominentes, consideraba el legado presuntuoso, si no, francamente ridículo. ¿Quién era este sinvergüenza para pensar que podía forzar póstumamente al gobierno francés a colgar decenas de atroces manchas en sus propias paredes? Varios profesores de arte amenazaron con renunciar a la École des Beaux-Arts si el Estado aceptaba las pinturas impresionistas. Jean-Léon Gérôme, uno de los artistas académicos más famosos de su época, criticó la donación diciendo: “Para que el gobierno acepte semejante inmundicia, tendría que haber una gran relajación moral”. (p. 22)

Tras una batalla de varios años de la familia de Caillebotte, el gobierno, persuadido por Renoir, llegó a aceptar sólo la mitad de la colección: ocho obras de Monet, siete de Degas, siete de Pissarro, seis de Renoir, seis de Sisley, dos de Manet y dos de Cezanne. Por fin, en 1897, lo cuadros impresionistas se exhibieron en el Museo de Luxemburgo, en lo que fue la primera exposición impresionista en Francia y en Europa.

El público inundó el museo para ver el arte que previamente habían atacado o simplemente ignorado. La larga batalla por la herencia de Caillebotte (la prensa lo llamó “l’affaire Caillebotte“) tuvo el efecto que él habría deseado: trajo una atención sin precedentes, e incluso algo de respeto, a sus intransigentes amigos. (p. 22)

¿Recuerdas el grupo de siete pintores impresionistas que James Cutting encontró siempre en cientos de libros de la biblioteca de su universidad? Esos mismos siete pintores, y exclusivamente ellos, son los que se encontraban en la herencia de Caillebotte aceptada por el estado francés. Caillebotte se convierte así en la persona que seleccionó las obras que han dado la vuelta al mundo y que se han representado desde entonces en los medios masivos, libros, revistas, playeras, carteles y muchos accesorios que tú has de haber visto. ¡Qué fortuna haber sido amigo de Caillebotte! ¡Qué mala suerte no haber sido apoyado por Caillebotte! Sí, hablo de suerte, hablo de azar, de un accidente histórico que provocó que estas obras se expusieran en todo el mundo y adquirieran una enorme fama.

Y de forma similar, a menudo ocurre que, por la falta de fortuna, “un artículo brillante en un oscuro periódico no se lee, una canción pegajosa sin difusión en radio desaparece en la oscuridad y un conmovedor documental sin un acuerdo de distribución puede estar condenado al olvido, no importa cuán brillante”. (p. 7) Por supuesto, lograr la popularidad es un asunto muy complejo, con muchos factores en juego, y la suerte es sólo uno de ellos. Pero en la historia de Caillebotte y Monet sí fue la suerte la que marcó la diferencia entre el anonimato y la notoriedad.

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Referencias

Thompson, Derek. Hit makers: the science of popularity in an age of distraction. New York: Penguin Press, 2017.

Impresión, sol naciente
De Claude Monet, (1872)
https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=5504881

Joven hombre en su ventana
De Gustave Caillebotte, (1875)
https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=2680320

Rosas amarillas en un florero
De Gustave Caillebotte, (1882)
https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=11825107